Mostrando las entradas con la etiqueta Meditar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Meditar. Mostrar todas las entradas

#MeditarEnNavidad Cómo el Hijo de Dios es presentado espiritualmente por el alma en el Templo

En quinto y último lugar, considere el alma devota y fiel de qué manera el bebé recién nacido por la consumación de las obras divinas y nombrado por la dulzurade la degustación de las cosas celestes, y buscado y hallado, adorado y honrado por la oblación de dones espirituales, ha de ser presentado en el Templo, ofrecido al Señor, y esto por la devota, humilde y debida acción de gracias.
Después de que la feliz María, madre espiritual de Jesús, ha sido purificada por la penitencia en la concepción de este bendito hijo, después de haber sido ya confortada en algo por la gracia en el nacimiento, después de haber sido íntimamente consolada por la imposición del bendito nombre, y finalmente informada por Dios en la adoración con los reyes, ¿qué otra cosa queda sino llevar a la Jerusalén celeste, al templo de la Divinidad y presentar a Dios, al Hijo de Dios y de la Virgen?
Sube, pues, María en el espíritu, no ya a la montaña, sino a las moradas de la Jerusalén celeste, a los palacios de la ciudad superna. Arrodíllate allí humildemente ante el trono de la eterna Trinidad y de la indivisa Unidad; allí presenta a Dios Padre a tu hijo, alabando, glorificando y bendiciendo al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo. Alaba con júbilo a Dios Padre, por cuya inspiración concebiste el buen propósito. Glorifica en la alabanza a Dios Hijo, por cuya información llevaste a cabo el bien que te habías propuesto. Bendice y santifica a Dios Espíritu Santo, por cuya consolación perseveraste hasta ahora en el buen ejercicio.
Oh alma, glorifica a Dios Padre en todos sus dones y en todos tus bienes, porque él es quien te llamó del siglo por oculta inspiración, diciéndote: Vuelve, vuelve, Sunamita, palabras cuyo comentario busca aparte, en otro tratado, en la primera meditación.
Engrandece a Dios Hijo en todos sus santos. Él es, en efecto, quien te liberó de la servidumbre del demonio por su secreta información, diciéndote: Toma sobre ti mi yugo; rechaza el yugo del demonio. El yugo del demonio es amarguísimo, mi yugo es suavísimo; a su yugo seguirá suplicio eterno y tormentos, a mi yugo seguirá fruto suavísimo y descanso opulento. Si su yugo muestra a veces cierta dulzura, es falsa y momentánea; cuando mi yugo procura alegría, es verdadera y salvadora. Él a veces levanta un poco a sus servidores, mas para confundirlos eternamente; el que me honra, por el contrario, si por un momento es humillado, es para reinar y gloriarse eternamente. Esta fue la enseñanza que te dio el Hijo de Dios, a veces por sí mismo y a veces por sus doctores y amigos, y te liberó de la falsa persuasión del demonio, y de la blanda decepción de la carne y del mundo.
Bendice y santifica siempre a Dios Espíritu Santo, oh alma, que te confirmó en el bien por su dulcísima consolación, diciéndote: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. ¿Cómo, en efecto, oh alma delicada y frágil, acostumbrada a las delicias del mundo, embriagada con las alegrías de este siglo como los cerdos con el mosto del vino, cómo habrías podido, entre tales y tantas redes del antiguo enemigo, entre tantos falsos consejos, entre tan variados obstáculos, entre tan innumerable multitud de amigos, parientes y otros conocidos que te apartaban del camino del amor y entre las flechas de los que te herían, perseverar en el bien, amarrada con los lazos de tantos pecados, y cómo progresar en el bien, si no hubieras sido ayudada misericordiosamente por la gracia del Espíritu Santo y tantas veces dulcemente consolada y sostenida? A él, pues, debes referir todas tus obras, sin retener nada para ti.
Di con pura y devota intención de la mente: Todas mis obras las realizas tú, Señor; ante ti nada soy, nada puedo; es don tuyo que subsista, sin ti no puedo hacer nada. A ti, clementísimo Padre de las misericordias, te ofrezco lo que te pertenece, a ti lo encomiendo, a ti lo confío, indigna e ingrata de todos tus dones, que reconozco humildemente entregados a mí. A ti la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias, o felicísimo Padre, majestad eterna, que por tu infinito poder me creaste de la nada.
Te alabo, te glorifico, te doy gracias, oh felicísimo Hijo, claridad del Padre, que me liberaste de la muerte por tu eterna sabiduría.
Te bendigo, te santifico, te adoro, o felicísimo Espíritu Santo, que por tu bendita piedad y clemencia me llamaste del pecado a la gracia, del siglo a la vida religiosa, del exilio a la patria, del trabajo al reposo, de la tristeza a la jocundísima y deliciosísima dulzura de la bienaventurada fruición; la cual nos conceda Jesucristo, Hijo de María Virgen, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

San Buenaventura, "Las cinco festividades del Niño Jesús" (Festividad 5)



#MeditarEnNavidad En la epifanía del Señor

Sobre la lección del Evangelio: ¿Dónde esta el que ha nacido Rey de los Judíos?

1.Tenemos por necesario, Hermanos míos, según la costumbre de las demás solemnidades, exponeros el misterio de la solemnidad de hoy. Porque, aunque algunas veces hablamos contra los vicios, y sea utilísimo este género de oración, parece mas propio de otros días. En los festivos, y particularmente en las solemnidades principales, más bien parece, que nos debemos detener en los misterios, que pertenecen a la solemnidad, para que a un tiempo mismo se instruya el ánimo, y se excite el afecto. Porque ¿cómo celebraréis lo que ignoráis? o cómo lo sabréis, sino hay quien os lo declare? Por tanto, no sea molesto a los que están adelantados en el conocimiento de las Escrituras, que tengamos atención a los menos doctos, según exige la caridad. Ni creo yo , que ellos mismos sean privados de los manjares, que les son tan agradables, si a los menos sabios como a las turbas populares pusieren primero alimentos más crasos: lo que harán, si movidos de la caridad fraternal, les gustaren las cosas, que son necesarias a los que no tienen la mayor inteligencia, aunque acaso a ellos les parezcan poco necesarias. De esta suerte recogerán para si los fragmentos, reflexionando con diligencia las cosas más útiles, y rumiando como animales puros, las que por su delicadeza no son entendidas de los menos capaces.
2. La La solemnidad de hoy pues recibió el nombre de la aparición, porque Epifanía significa aparición. Así, hoy se celebra la aparición del Señor, no solo una, sino triplicada, según lo hemos recibido de nuestros Padres. Hoy nuestro  Señor párvulo Rey, pasados pocos días de su nacimiento se manifestó a las primicias de las naciones, sirviéndolas de guía una estrella: hoy también, habiendo ya cumplido treinta años en su vida mortal (el que según la Divinidad es siempre el mismo, y no pueden faltar sus años) ocultado entre las populares turbas vino al Jordán, para ser bautizado; pero fue manifestado por el testimonio del  Padre. Hoy igualmente, habiendo sido convidado a unas bodas con sus discípulos, faltando el vino, convirtió en vino las aguas con un admirable prodigio de su potencia. Pero deleita contemplar con más cuidado la aparición del Salvador en su infancia , porque es dulcísima , y se celebra también hoy con mis especialidad.
3.  Hoy pues, como oímos en la lección del Evangelio , vinieron los Magos de Oriente a Jerusalén. Con razón se dice a la verdad , que vienen de Oriente, pues nos anuncian el nuevo Nacimiento del Sol de justicia, pues iluminan con alegres noticias el mundo todo. Sólo que la infeliz Judéa, como aborrecía la luz, se obscurece al resplandor de la nueva claridad, y sus ofuscados ojos se ciegan mucho más, brillando los rayos del Sol eterno. Oigamos ahora, qué dijeron los Magos, viniendo del Oriente: ¿Donde está el que ha nacido Rey de los Judío? ¡Qué fe tan cierta y tan firme! No preguntan si ha nacido, sino que hablan confiadamente, y preguntan sin dudar , donde está el que ha nacido Rey de los Judíos. El Rey Herodes se llenó de pavor, luego que oyó el nombre del Rey, sospechándole su sucesor. No es maravilla, que se turbe Herodes: pero que Jerusalén, Ciudad de Dios, que es vista de paz, se turbe en compañía de Herodes, ¿quién no lo admira? Ved, Hermanos, cuanto daño hace una potestad perversa, y como hace conformes sus súbditos a su impiedad una cabeza impía. Miserable Ciudad enteramente, donde reina Herodes, porque será sin duda participante de su malicia, y al nacimiento de la nueva salud se conmoverá con una turbación propia de Herodes. Confío yo en el Señor, que de ningún modo reinará entre vosotros, aunque suceda hallarse: de lo cual también nos guarde Dios. Malicia de un Herodes  y crueldad de Babilonia seria querer extinguir la religión en su nacimiento, y despedazar los párvulos de Israel. Así, cuando nace entre nosotros algo , que pueda conducir para el bien del alma, para la piedad, para la religión, cualquiera que resiste, cualquiera que repugna, enteramente pretende con los egipcios matar los párvulos del linaje de Israel: y aun también con Herodes persigue al Salvador, cuando nace. Pero prosigamos ya la historia comenzada; pues creo, que si alguno sintiere en su conciencia algo de esto, se guardará en lo adelante con más cuidado, y tendrá horror de abrigar en si mismo un corazón propio de Herodes, para no tener un fin semejante al suyo.
4. Buscando pues los Magos al Rey de los Judíos , y preguntando Herodes a los Escribas el lugar del nacimiento del Señor, declaran ellos según el Profeta el nombre de la Ciudad. Y habiéndose apartado de Jerusalén los Magos, y dejado á los Judíos: He aquí que la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos. De esto se deja entender, que por buscar el auxilio humano perdieron la guía divina; y que el auxilio celestial les desamparo, porque quisieron valerse de las noticias de la tierra. Por lo cual también habiendo dejado a Herodes, al punto se alegraron sobre manera, porque la estrella iba delante de ellos, hasta que llegando se paró encima del lugar, donde estaba el Niño. Y entrando en la casa hallaron al Niño con María su Madre, y postrándose le adoraron. ¿ De dónde esto en vosotros , extranjeros? No encontramos tanta fe en Israel. ¿Qué, no os ofende la humilde habitación de un establo; no os ofende la pobre cuna de de un pesebre? ¿No os escandaliza la presencia de una pobre Madre ,ni la infancia de un Niño de pecho?
5. En fin, abiertos sus tesoros, dice el evangelista , le ofrecieron por presentes oro, incienso y mirra. Si solamente le hubieran ofrecido oro, pudiera parecer , que habrían querido remediar la pobreza de la Madre, dándola con que pudiese criar al Niño. Mas ofreciendo juntamente oro, incienso, y mirra, sin duda están indicando en esto un género de ofrenda espiritual. El oro parece tener la excelencia entre las riquezas del siglo; el cual por su gracia ofrecimos todos al Salvador devotamente, cuando por su nombre dejamos del todo los haberes del mundo. Pero después de haber renunciado a los bienes terrenos, es necesario, que busquemos con deseos ardientes los celestiales. Y de esta suerte ofreceremos también el olor del incienso, en que están significadas, como leemos en el Apocalipsis de San Juan las oraciones de los Santos. Por lo cual igualmente dice el Profeta en el salmo: Que mi oración suba a vuestra presencia como el humo del incienso. Así también tenéis escrito en  otro lugar que la oración del justo penetra los Cielos. La oración, no dice de cualquiera, sino del justo. Porque será execrable la oración de aquel que aparta su oreja para no oír la ley.
6. Si quieres ser justo , y no apartar tu oído de los mandamientos del Señor, para que no apartarte él también el suyo de tus oraciones, es preciso, no sólo que desprecies el siglo, sino que castigues tu cuerpo mismo, y le sujetes a la servidumbre. Porque el que dijo: Si alguno no renunciare a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo y en otra parte: Si quieres ser perfecto, anda y vende todas las cosas que tienes, y dalas a los pobres, y ven y sígueme: El mismo dice en otro lugar: El que quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo-, y tome su cruz y sígame a mi. Lo cual exponiéndolo el Apóstol dice: Todos los que son de Cristo han crucificado su carne con sus vicios y deseos malos. Tenga pues nuestra oración dos alas, que son el desprecio del mundo y la mortificación del cuerpo: y sin duda penetrará los Cielos, y subirá a la presencia de Dios como el incienso. Será sacrificio grato y aceptará Dios nuestra ofrenda, si con el oro e incienso se hallare también la mirra: que aunque es amarga, con todo eso es muy provechosa, y preserva al cuerpo, que está muerto por el pecado, de que se pudra cayendo en el vicio. Esto se ha dicho brevemente, para que imitemos en su ofrenda a los Magos.
7. Pero,'porque dijimos, que esta fiesta era Aparición, veamos lo que aparece en ella. Verdaderamente según las palabras del Apóstol: Apareció la benignidad, y humanidad de Dios nuestro Salvador. Porque ve ahí, como hemos oído en la lección del Evangelio , que entrando los Magos en la casa encontraron al Niño con María su Madre. En el tierno cuerpo, que fomentaba la Madre en su virginal regazo, ¿qué aparecía, sino la verdad de la carne, que había tomado? ¿Qué se declara en haber encontrado al Niño con su Madre, sino que es verdadero Dios, y verdadero hombre? Mira también en la segunda Aparición, sino es declarado manifiestamente Hijo de Dios con el testimonio de la voz del Padre. Se abrieron los Cielos, y descendió el espíritu Santo en la forma corporal de una paloma, que venia a reposar sobre él, y se oyó la voz del Padre: Este es mi Hijo amado , en quien be tenido mis complacencias. Bastante manifiesto se hace por esto mismo, bastante evidente, e indubitable, que es necesaria, que el Hijo de Dios sea Dios. Ninguno hay tampoco que dude, que los hijos de los hombres son hombres, y que los fetos también de los animales son del mismo género que ellos. Más, para que no quede ningún lugar al error sacrilegio, el mismo que en la primera aparición fue declarado verdadero hombre e hijo del hombre, y en la segunda no menos verdadero Hijo de Dios, ya en la tercera se muestra verdadero Dios , y Autor de la naturaleza, que se muda a la insinuación de su imperio. Nosotros pues, carísimos, amemos a Jesu Christo como verdadero hombre y hermano nuestro; honrrémosle como Hijo de Dios; adorémosle como Dios. Creamos en él firmemente, fiémosnos a su cuidado con toda seguridad, Hermanos míos; pues ni le falta la potestad de salvarnos, siendo verdadero Dios e Hijo de Dios, ni la buena voluntad, siendo como uno de nosotros verdadero hombre e hijo del hombre. ¿Cómo será para nosotros inexorable, cuando por nuestro bien se hizo como nosotros pasible?
8. Ya si deseáis oír algo sobre estas apariciones para edificación de las costumbres, atended, que en primer lugar aparece siempre Cristo con la Virgen Madre, para enseñarnos, que debemos buscar ante todas cosas la sencillez , y el pudor. Pues a los niños es natural la sencillez, y la vergüenza es propia y familiar de las vírgenes. A Todos Nosotros en el principio de nuestra conversión ninguna virtud nos es más necesaria, que una humilde sencillez, Y una Gravedad Llena De Pudor. En la segunda aparición vino el Salvador a las aguas del bautismo, no ciertamente para ser lavado en ellas, sino más bien para recibir el testimonio del Padre. En estas aguas se representan las lágrimas de la devoción , en las cuales no se busca la indulgencia de los pecados, sino el beneplácito de Dios Padre. Entonces desciende sobre nosotros el Espíritu de la adopción de hijos, dando testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; de suerte que nos parece oír la dulcísima voz del Cielo, que nos dice, que verdaderamente Dios Padre se complace asimismo en nosotros. Ni hay poca distancia entre estas lágrimas de devoción, y de una edad, por decirlo así, varonil, y entre las que derramó la edad primera en los sollozos de la infancia , que fueron sin duda las lágrimas de penitencia, y confesión. Sin embargo, a unas y a otras exceden, largamente otras ciertas lágrimas, a las que se infunde también el sabor del vino. Porque yo diré que verdaderamente aquellas lágrimas se convierten en vino, que en el fervor de la caridad se derraman por el afecto de la compasión fraternal: efecto de esta caridad es, que parezca por algún tiempo el hombre estar en una especie de embriaguez sobria olvidado de si mismo.


San Bernardo



#MeditarEnNavidad Cómo el Hijo de Dios ha de ser buscado y adorado espiritualmente por el alma devota con los Magos

Sigue la cuarta solemnidad, que consiste en la adoración de los magos. Una vez que el alma concibió espiritualmente por la gracia a este dulcísimo niño, lo dio a luz y le puso nombre, los tres reyes, es decir las tres potencias del alma -con razón llamadas reyes, porque ya se enseñorean de la carne, dominan los sentidos, y se ocupan, como corresponde, solamente en las cosas de Dios-, juzgan que el niño, que ya les fuera revelado de múltiples maneras, debe ser buscado en la ciudad real, esto es, en todo el mundo universo. Buscan en las meditaciones, rebuscan con los afectos, preguntan con devotos pensamientos: ¿Dónde está el que ha nacido? Vimos su estrella en oriente[xvi] ; vimos su claridad refulgente en la mente devota, vimos su esplendor radiante en lo secreto del alma, escuchamos su voz dulcísima, gustamos su dulzura delicadísima, percibimos su aroma suavísimo, experimentamos su deliciosísimo abrazo. Respóndenos de una vez, Herodes, haznos ver al amado, muéstranos al bebito deseado. Él es a quien deseamos y buscamos.
Oh dulcísimo y amantísimo niño eterno, recién nacido y antiguo ¿cuándo te veremos, cuándo te hallaremos, cuando estaremos ante tu rostro? Fastidia gozar sin ti, deleita gozar contigo y llorar contigo. Todo lo que para ti es adverso para nosotros es molesto; y lo que te agrada es nuestro deseo indefectible. ¡Oh, si tan dulce es llorar por ti, cuánto más dulce ha de ser gozar por ti!. ¿Dónde está, pues, el que buscamos? ¿Dónde está el que deseamos en todo y por sobre todo? ¿Dónde está el que ha nacido rey de los Judíos, ley de los devotos, luz de los ciegos, guía de los miserables, vida de los que mueren, salud eterna de todos los que eternamente viven?.
Sigue la respuesta justa: En Belén de Judá; Belén significa casa del pan, Judá confesión. Cristo es hallado allí donde, después de la confesión de los crímenes, se escucha, se rumia y se retiene en la mente devota el pan de vida celeste, es decir, la doctrina del Evangelio, para realizarla en las obras y proponerla a los otros para ser vivida. El niño Jesús es hallado con María, la madre[xx] , allí donde, después de la dolorosa contrición del llanto, después de la fructuosa confesión, se disfruta la dulzura de la contemplación celeste y del consuelo, a veces entre abundantísimas lágrimas, cuando la oración que se comienza casi desesperada, se deja llena de gozo y segura del perdón[xxi]. ¡Oh feliz María, por quien es concebido Jesús, de quien nace y con quien tan dulce y gozosamente es hallado Jesús!
Pero también vosotros, reyes, es decir potencias naturales del alma devota, buscad con los reyes de la tierra para adorarle y ofrecerle dones. Adorad con reverencia, porque es el creador, el redentor y el remunerador: creador en la formación de la vida natural, redentor en la reformación de la vida espiritual, remunerador en la entrega de la vida eterna. Oh, vosotros, reyes, adorad con reverencia, ya que es rey poderosísimo; adorad con decencia, ya que es maestro sapientísimo; adorad con alegría, ya que es príncipe liberalísimo.
Y no os deis por satisfechos con la adoración, si no la sigue la oblación. Ofreced -diré- el oro del amor más ardiente, ofreced el incienso de la contemplación más devota, la mirra de la contrición más amarga: el oro del amor por los bienes otorgados, el incienso de la devoción por los gozos preparados, la mirra de la contrición por los pecados cometidos; ofreced oro a la Divinidad eterna, incienso a la santidad del alma, mirra a la pasibilidad del cuerpo. Así, pues, buscad, adorad y ofreced vosotras, almas.

San Buenaventura, "Las cinco festividades del Niño Jesús" (Festividad 4)



#MeditarEnNavidad Salid, hijas de Sión

De los Magos y de lo que se lee en los Cantares:
Salid hijas de Sion ,y ved al Rey Salomón.

Tres apariciones del Señor leemos hechas en un mismo día, aunque no en un mismo tiempo. Y sin duda admirable es la segunda, admirable la tercera, pero la primera es en gran manera admirable. Es de admirar la mutación de las aguas; la atestación de Juan, de la paloma , y de la voz del Padre, pero admira mas , que los Magos conociesen al Señor. Que le reconocen Dios, lo indica la adoración, lo manifiesta la ofrenda del incienso. No solo le reconocen Dios, sino Rey también, lo qual se designa en el oro. Y entre estas cosas , no se les oculta tampoco el gran misterio de la piedad de Dios, por lo que igualmente en la mirra, que le ofrecen, indican que ha de morir. Adoran pues los Magos, y ofrecen dones á un Niño , que todavía mama el pecho de su Madre. Pero ¿dónde está , ó Magos , dónde está la púrpura de este Rey ? ¿Son la púrpura acaso estas mantillas , en qué está envuelto? Si es Rey, ¿dónde está la diadema real? Verdaderamente vosotros le veis ceñido de la diadema , con que le coronó su Madre, del saco de la mortalidad, del cual resucitando dice: Rommpisteis mi saco , rodeasteis de alegría. Salid hijas de Sion ,y ved al Rey Salomón en la diadema , con que le coronó su Madre. Salid virtudes Angélicas, Los habitantes de la soberana patria,y mirad á vuestro Rey , pero en nuestra corona , en la diadema, con que le coronó su madre. De estas delicias habíais carecido hasta ahora, esta dulzura no habíais gustado todavía. Gozáis en el Cielo de su grandeza , pero no habéis visto su humildad. Salid pues, y ved al Rey Salomón en la diadema , con que le coronó su madre,
2 Mas no necesitan los Angeles de nuestra exhortación, pues ellos mismos desean ardientemente mirar en él , y quanto mas conocida de ellos es su grandeza, tanto mas preciosa y amable se les hace su humildad. Asi, aunque nosotros tenemos mayor motivo de alegría (pues para nosotros nació, y á nosotros se nos dio) con todo eso ellos ellos se adelantan, nos exhortan á mirarle. Prueba de esto es la aparición del Angel á los Pastores, anunciándoles la nueva de tan grande gozo, y aquella multitud del exército celestial, que cantó la gloria en su nacimiento. A vosotras pues decimos, hijas de Sion , almas seculares, débiles, delicadas hijas propiamente, y no hijos : en quienes, nada hay de fortaleza , nada de ánimo varonil: Salid hijas de Sion. Salid de los cuidados mundanos , salid del sentido de la carne á los pensamientos del alma, de la servidumbre de los deseos carnales á la libertad de la inteligencia espiritual. Salid de vuestra tierra, y de vuestra parentela , y de la casa de vuestro Padre, y ved al Rey Salomón: de otra suerte no estará libre de riesgo para vosotras verle porque el mismo que es Salomón , que es decir , Pacifico, en el destierro , será razonador en el juicio; Idida esto es amado del ´Señor en Reino. En el destierro, pues, es manso y amable. En el destierro es justo y amable: en el juicio justo y terrible, : en el reino justo y admirable. Salid, pues y ved al rey Salomón, porque en todas partes es Rey y aunque su reino no sea de este mundo, sin embargo es rey también en este mundo . Por supuesto que preuntándole ¿tu eres rey ? Yo responderá para eso nací y para eso vine al mundo, Aquí pues rige las costumbres, en el juicio discierne los méritos, en el reyno distribuye los premios.
3 Por tanto salid,hijas de Sion, y ved al Rey Salomón en la diadema, con que le coronó su madre , en la corona de la pobreza , en la corona de la miseria; puesto que fué coronado también por su madrastra con corona de espinas, con corona de miseria: habiendo de ser coronado por su familia con corona de justicia , quando saldrán los Angeles , y quitarán de su reyno todos los escándalos , quando vendrá al juicio acompañado de los ancianos de su pueblo, quando peleará á favor suyo el orbe de la tierra contra los insensatos. También le corona el Padre con corona de gloria , como dice el Psalmista: Le habéis coronado de gloria y de honor. Vedle , hijas de Sion en la diadema , con que le coronó su madre. Respetad la corona de vuestro Rey , hecho párvulo por vosotras, y adorad su humildad este dia en compañía de los Magos , cuya fé y cuya devoción se os propone hoy por exemplo. Porque ¿á quiénes compararemos , ó á quiénes dirémos, que son semejantes estos hombres. Si considero la fé del Centurión, si la confesión del Ladrón, no me causa tanta maravilla, pues ya entonces el Señor había hecho muchos prodigios, ya entonces habia sido predicado de muchos, de muchos adorado. Sin embargo, consideremos también lo que ellos dijeron. El Ladrón clama desde la Cruz: Señor acordaos de mi , guando vengáis de vuestro reyno. ¿Qué , por el suplicio há de ir al reyno? ¿Quién te dijo á ti, que convenia que padeciese Christo , y que de este modo entráse en su gloria? Y tu también, Centurión, ¿en qué le hás conocido? Viendo que clamando asi , habia espirado: Verdaderamente , dice , este hombre era Hijo de Dios. ¡Cosa admirable , y digna de toda admiración!
4 Por eso os ruego , consideréis y veáis , que vista tan penetrante tiene la fé ,y que de lince tiene los ojos. Ella conoce al Hijo de Dios mamando, le conoce pendiente en la cruz, le conoce muriendo, puesto que el Ladrón le conoce en el patíbulo , los Magos en el establo: aquel taladrado de los clavos , estos envuelto en unos paños. Conoce el Centurión la vida en la muerte; estos la virtud de Oios en la debilidad de un tierno cuerpo : aquellos en la acción de espirar conocen e el sumo Espíritu: estos en la infancia el Divino Verbo: porque todo lo que aquellos confiesan con las palabras , lo confiesan estos con los dones. El Ladrón le reconoce Rey, el Centurión Hijo de Dios y juntámente hombre. ¿Y qué otra cosa indican estos dones? solo que en el incienso no tanto lé confesaron Hijo de Dios, como verdadero Dios? Ruegoos , Carísimos, que os aprovechéis de tanta caridad , como há mostrado con nosotros el Dios de la Majestad , de tanta humildad , como tomó en si mismo , de tanta benignidad , como en su humildad se dejó ver. Demos gracias á nuestro Redentor y Mediador, por quien se nos dio á conocer tan buena voluntad de Dios Padre para con nosotros, pues sabemos , que su ánimo por nuestro bien es tal, que no sin razón decimos y a Nosotros corremos no como á una cosa incierta: porque verdaderamente tal es el corazón del Padre para con nosotros, qual nos le expresó aquel Señor que procedió de su corazón.


San Bernardo



#MeditarEnNavidad Ha aparecido la bondad de Dios

Ha aparecido la bondad de Dios... y su amor al hombre.
Ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Gracias sean dadas a Dios, que ha hecho abundar en nosotros el consuelo en medio de esta peregrinación, de este destierro, de esta miseria.
Antes de que apareciese la humanidad de nuestro Salvador, su bondad se hallaba también oculta, aunque ésta ya existía, pues la misericordia del Señor es eterna. ¿Pero cómo, a pesar de ser tan inmensa, iba a poder ser reconocida? Estaba prometida, pero no se la alcanzaba a ver; por lo que muchos no creían en ella. Efectivamente, en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios por los profetas. Y decía: Yo tengo designios de paz y no de aflicción. Pero ¿qué podía responder el hombre que sólo experimentaba la aflicción e ignoraba la paz? ¿Hasta cuándo vais a estar diciendo: «Paz, paz», y no hay paz? A causa de lo cual los mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién creyó nuestro anuncio? Pero ahora los hombres tendrán que creer a sus propios ojos, ya que los testimonios de Dios se han vuelto absolutamente creíbles. Pues para que ni una vista perturbada pueda dejar de verlo, puso su tienda al sol.
Pero de lo que se trata ahora no es de la promesa de la paz, sino de su envío; no de la dilatación de su entrega, sino de su realidad; no de su anuncio profético, sino de su presencia. Es como si Dios hubiera vaciado sobre la tierra un saco lleno de su misericordia; un saco que habría de desfondarse en la pasión, para que se derramara nuestro precio, oculto en él; un saco pequeño, pero lleno. Y que un niño se nos ha dado, pero en quien habita toda la plenitud de la divinidad. Ya que, cuando llegó la plenitud del tiempo, hizo también su aparición la plenitud de divinidad. Vino en carne mortal para que, al presenta así ante quienes eran carnales, en la aparición de su humanidad se reconociese su bondad. Porque, cuando se pone de manifiesto la humanidad de Dios, ya no puede mantenerse oculta su bondad. ¿De qué manera podía manifestar mejor su bondad que asumiendo mi carne? La mía, no la de Adán, es decir, no la que Adán tuvo antes del pecado.
¿Hay algo que pueda declarar más inequívocamente la misericordia de Dios que el hecho de haber aceptado nuestra miseria? ¿Qué hay más rebosante de piedad que la Palabra de Dios convertida en tan poca cosa por nosotros? Señor, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? Que deduzcan de aquí los hombres lo grande que es el cuidado que Dios tiene de ellos; que se enteren de lo que Dios piensa y siente sobre ellos. No te preguntes, tú, que eres hombre, por lo que has sufrido, sino por lo que sufrió él. Deduce de todo lo que sufrió por ti, en cuánto te tasó, y así su bondad se te hará evidente por, su humanidad. Cuanto más pequeño se hizo en su humanidad, tanto más grande se reveló en su bondad; y cuanto más se dejó envilecer por mí, tanto más querido me es ahora. Ha aparecido -dice el Apóstol- la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre. Grandes y manifiestos son, sin duda, la bondad y el amor de Dios, y gran indicio de bondad reveló quien se preocupó de añadir a la humanidad el nombre de Dios

San Bernardo



#MeditarEnNavidad Del día octavo

1. En la Circuncisión del Señor, hermanos mios, tenemos que amar, y que admirar, y también que imitar. Está manifiesto en ella el gran beneficio de la dignación divina, que exige nuestro reconocimiento: al mismo tiempo se encubre en ella, lo que debemos en nosotros mismos cumplir. Porque vino el Señor al mundo, no sólo para redimirnos con la efusión de su sangre, sino para enseñarnos con sus palabras, e instruirnos con sus ejemplos. Pues, así como no nos aprovechará saber el camino, si estuviéramos presos en la cárcel,  tampoco aprovechrá sacarnos de la cárcel, si ignorando el camino el que primero nos hallara, nos volviera á meter allí. Y por esto en la edad mas crecida nos dio el Salvador manifiestos ejemplos de paciencia, humildad, caridad  y de todas las virtudes: mas en la niñez dio estos mismos ejemplos, aunque disimulados y encubiertos con figuras.
2. Pero antes de llegar a explicar esto, quisiera decir algo de tan grande y tan manifiesta dignidad. Tienen los ángeles una gloria pura y perfecta: pero tampoco nosotros estaremos privados de gloria. Su gloria estamos viendo, gloria como de quien es el Hijo único del Padre, gloria de misericordia y de un afecto verdaderamente paternal, gloria del que procede del corazón del Padre, y que está mostrando con nosotros unas entrañas con toda la ternura de Padre. Todos pecaron, dice el Apóstol, y tienen necesidad de la gloria de Dios. Y en otra parte: Esté lejos de mi dice, gloriarme en otra cosa, que en ta cruz de nuestro Señor Jesucristo. ¿Que cosa mas gloriosa para nosotros, que habernos Dios estimado tanto? ¿O qué mayor gloria para él, que tan especial dignación, y tan grande benignidad, que se hace tanto mas dulce y amable, cuanto es más graciosa; pues murió por unos pecadores? Ved cuanto hizo y por cuales; por quales para no ensoberbecernos; cuanto para no perder la confianza. Así, para que no se halle en vosotros el espíritu de este mundo, sino el espíritu que viene de Dios, y sepáis los bienes, que el Señor os ha hecho: no queráis, os ruego, haceros como el caballo y el mulo, sino como el piadoso jumento, que dice: Como un jumento me hice en vuestra presencia, y con todo eso estoy siempre con vos. Tales jumentos conocen a su Dueño , y el pesebre de su Señor: en el cual está puesto para ello el piadosísimo heno, el mismo que es pan de los ángeles. Este es el pan vivo de que debió comer el hombre; pero, porque el hombre se hizo jumento, el pan también se hizo heno, para que a lo menos asi viva de él.
3. El sacramento de esta mutación sin duda se celebró en el Día del Nacimiento, pues el Verbo se hizo carne, siendo toda carne heno. Tomando en su encarnación forma de hombre, se hizo inferior a los Angeles un poco, pero en este día ya escucho otra cosa más maravillosa. Ya está abatido mucho más abajo de los ángeles, pues no sólo tiene la forma de hombre, sino la forma de pecador, y fijan en él, como con un cauterio, la nota de ladrón. Porque qué otra cosa es la circuncisión, sino indicio de superfluidad, y de pecado? En vos, Señor Jesús, ¿qué puede haber superior, para que deba circuncidarse? ¿Por ventura no sois Dios verdadero, engendrado de Dios Padre, y verdadero hombre sin pecado alguno, nacido de la Virgen Madre? ¿Qué hacéis vosotros circuncidando este Niño? ¿Pensáis por ventura, que podrá caer sobre él aquella sentencia que dice: "Todo varón cuyo cuerpo no fuere circuncidado, será exterminado de enmedio de su pueblo". ¿Podrá el Padre olvidarse del hijo de sus entrañas, ó no le conocerá, sino tuviere la señal de la circuncisión? Antes, si fuera posible desconocer al Hijo, que es el objeto de sus complacencias, por esta señal le pudiera desconocer; pues es la que él dispuso para los pecadores, con el fin de purificarlos de sus delitos. Pero ¿qué maravilla es, que la cabeza, estando sana , reciba en si la medicina de los miembros enfermos? ¿Cuantas  veces acaece recibir un miembro la cura y medicina de otro? Nos duele la cabeza, y se hace la sangría en el brazo: está enfermo el hígado, y sangran  dolientes  los pies. De esta manera es cauterizada hoy la cabeza, para curar la corrupción de todo el cuerpo.
4.En fin, ¿qué maravilla, que por nosotros quisiese ser circuncidado, el que por nosotros se dignó morir? Todo él verdaderamente me fué dado, y todo él fué expendido en mis propios usos. Oyendo yo, que pasaba por delante de la cárcel el hijo de un gran Rey, comencé á gemir mas alto, y á exclamar más lastimosamente diciendo: Hijo de Dios tened misericordia de mi. Y él como benignísimo: ¿qué lloro, dice, y qué lamento es éste, que escucho? Entonces le responden: este es aquel traidor Adán, a quien vuestro Padre hizo poner en la cárcel, mientras que delibera con que genero de tormentos le hará morir. ¿Qué haría aquel Señor, cuya naturaleza es la suma bondad , aquel Señor de quien es propio tener siempre misericordia, y perdonar? Baja a la cárcel misma a sacar de ella al miserable prisionero. Mas los judios no olvidados del odio, que habían tenido a su Padre, le ejercitan también en el Hijo: por lo que dice él mismo: A mi me han aborrecido, y a mi Padre también. ¿Qué hicieron pues los impíos, que en sólo mirarle sentían pena? Este es el Heredero, dicen, venid y matémosle. Así quitaron la vida al Cordero de Dios; con daño suyo a la verdad, pero para nuestra salud. Porque ellos derramaron la sangre del Cordero: nosotros nos llegamos, y bebimos de ella. Nosotros recibimos el cáliz de la salud que tiene la virtud de embriagar las almas ¡qué admirable es! Ved aquí lo que exige nuestro reconocimiento. Pocos dirán, que celebramos su venida a esta cárcel del mundo, es decir el dia de su nacimiento: pero hoy ya celebramos, que tomó nuestros grillos, y prisiones. Hoy aquel Señor, que no hizo pecado, para librar a los reos, metió sus inocentes manos en sus cadenas: hoy se puso bajo de la ley, el mismo que dio la ley.
5.Digamos ya lo que espiritualmente se nos enseña, que hagamos nosotros, en esta circuncisión. Porque, ni sin causa se mandó en la ley, ni sin causa se cumplió en el Señor la circuncisión en el octavo dia. Pero ¡quién conoció los designios del Señor, ó quien ha sido su consejero. Asista favorable a nuestros deseos aquel espíritu, que investiga los misterios sublimes de Dios, y dígnese explicarnos el misterio de este octavo dia. No ignoramos, que es preciso ya, que el hombre nazca de nuevo; pues por eso nació otra vez el Hijo de Dios. En pecado nacemos todos, y es necesario, que renazcamos por la gracia; la cual recibimos en el bautismo: mas ¡ay! todo pereció en la vida secular. Ahora por  primera vez, apiadándose Dios de nosotros, la virtud de la gracia hace, que caminemos en una nueva vida. Asi, debemos decir, que nace el hombre, cuando nace en su alma el sol de la justicia, ilumina las tinieblas de sus pecados, y presenta a los ojos de su corazón el horrendo juicio de Dios, añadiendo para estrechar mas el lazo del terror, el número breve de sús dias, y su fin tan incierto. Esa es verdaderamente aquella tarde, a que debe extenderse el llanto, y es necesario añadir a ella la alegría de la mañana, para que Dios nos haga oír su misericordia. De este modo, de la tarde y de la mañana se forma un día. Este día, pues, es día de justicia, porque dá a cada uno lo que es suyo: al hombre la miseria, a Dios la misericordia. En este día nace el Niño, cuando por los motivos que hemos dicho, se excita el ánimo del hombre al amor de la penitencia, y al aborrecimiento del pecado.
6.Mas, como no dejaría de ser peligroso, si se resolviera a hacer la penitencia entre las turbaciones del siglo: en donde unos con venenosas persuasiones, otros con malos ejemplos, le incitarían al pecado; otros también le impulsarían a vanaglorias con lisonjas; otros a impaciencia con sus murmuraciones; es necesario que vaya delante del hombre la luz de la prudencia y le muestre cuantas y que importunas oportunidades, y ocasiones de pecar ofrece, y sugiere el mundo, especialmente en estos desgraciados tiempos: qué débil es contra sus conatos el corazón humano particularmente el que se ha criado en la costumbre de pecar: en este día pues de la prudencia escoja huir del presente siglo malo diciendo con el Profeta: Yo aborrecí la junta de las personas que están llenas de malignidad y no tomaré asiento con los impíos. Pero todavía no basta esto porque quizás delibera retirarse a la soledad, no atendiendo bien a su propia flaqueza ni a la peligrosa lucha del diablo. Porque ¿qué cosa más peligrosa que combatir solo a las astucias del enemigo antiguo que le ve a él y él no puede verle? Así ya tiene necesidad el hombre del día de la fortaleza, en que reconozca que sus fuerzas se han de poner y conservar en el Señor y que debe buscar su defensa en el escuadrón formado de muchos que viven asociados en congregación, en donde son tantos los auxiliares como los compañeros, y tales que pueden decir con el Apóstol: No ignoramos las astucias del enemigo. Una congregación regular por su fuerza es terrible como el ejército ordenado en batalla. Más hay del hombre solo porque si llega a caer no habrá quien le levante. Y si leemos que fue concedida esta gracia a alguno de los antiguos Padres, no conviene exponerse temerariamente a este peligro ni conviene tentar a Dios según lo que dice nuestro maestro de los Anacoretas: Los que no con el fervor novicio de su conversión. Así en ese día de la fortaleza a lo que había comenzado el hombre a decir, aborrecí la junta de los que están llenos de malignidad, añade también lo que se sigue: lavaré entre los inocentes mis manos.
7.En este estado ya, en que ha escogido vivir en la congregación de muchos, ¿querrá acaso ser maestro, el que todavía no fue discípulo, y enseñar lo que jamás aprendió? Pero ¿cómo podría templar en si o en otros los movimientos irracionales de sus pasiones? Ninguno tuvo odio jamás a su propia carne. ¿Cómo pensáis, que si este hombre se hiciera maestro suyo, con facilidad dejara algunas veces de condescender consigo mismo, tanto más anchamente, cuanto más familiarmente se trata? Esclarezca pues en él la virtud de la templanza, para que busque como pueda y refrene los desordenados movimientos del deleite, los irracionales movimientos de la curiosidad, los orgullosos movimientos de su altivez. Elija estar despreciado en la casa, y sujeto a su Maestro, bajo del cual sea quebrantada su propia voluntad, reprimida con el freno de la obediencia su concupiscencia, y se cumpla así lo que dice el Profeta: "Pusisteis hombres sobre nuestras cabezas". Ni se desdeñen los consejos pues no es mayor que su Señor el siervo. Así Jesucristo habiendo ya crecido en edad, y en sabiduría y gracia delante de Dios, y de los hombres, teniendo ya doce años, se quedó en Jerusalén y predicó las escrituras pero, obediente, volvió a su casa requerido por la Virgen María y José, al que tenían por su padre. Por eso debéis ser fieles en obediencia por amor y de una manera semejante.
8 Ya en el mismo camino de la obediencia pueden ocurrir algunas cosas ásperas, y duras, si te imponen preceptos, que aunque saludables, parezcan menos suaves. Y si comienzas a sentir molestia en esto, si a juzgar al Prelado, si a murmurar en tu corazón: aunque en lo exterior cumplas lo mandado, no será esto virtud de obediencia, sino velo de malicia. Por tanto es necesario, que te amanezca el dia de la paciencia, para que abraces todas las cosas ásperas y duras con una conciencia silenciosa; juzgándote más antes a ti mismo, y reprendiéndote duramente, de que te desagrade lo que es tan bueno para la salud de tu alma, y ayudando en tu mismo pensamiento, en cuanto puedas, la causa del Maestro contra ti propio; procurando acusarte en todo, y escusarle a él al mismo tiempo.
9.En esta situación ya, juzgo, que debes precaverte contra la soberbia. Porque es una cosa grande enteramente vencerse de este modo a si mismo. El hombre paciente, dice Salomón más que el fuerte, y el que se hace Señor de su ánimo, vale más que el que conquista ciudades. En fin, considera, que claramente enseña el Profeta, que es necesaria la humildad después de la paciencia, diciendo: "pero tu alma mía permanece sujeta a Dios, puesto que de el mismo viene mi paciencia". ¿No parece aquí, que habia sentido alguna tentación de soberbia, con la ocasión de su paciencia? Es necesario pues, que iluminen tu corazón los rayos de la humildad, y te manifiesten lo que es de ti, y lo que es de Dios, para que no presumas altamente de ti mismo: Porque Dios resiste á los soberbios, y da su gracia a los humildes.
10. Cuando ya por largo tiempo te hayas ejercitado en todas estas cosas, ruega, que te sea dada la luz de la devoción, día serenísimo y sábado del alma, en que, como un soldado lleno de servicios, vivas en todos los trabajos sin trabajo, corriendo con un corazón dilatado en el camino de los mandamientos de Dios, para que lo que antes hacias con amargura, y opresión de tu espíritu, en lo adelante lo ejecutes ya con suma dulzura y deleitacion. Esta gracia (si yo no me engaño) pedía aquel que decia: Concededme que yo reciba algún refrigerio. Como si dijera: ¿hasta quándo viviré atormentado en este sudor, y dolor? ¿Hasta cuándo estaré muriendo todo el día? Concertadme que yo reciba algún refrigerio. Pero también son pocos los que llegan a esta perfección en esta vida: ni aunque a alguno le parezca haberla conseguido alguna vez, debe luego fiarse de sí mismo, especialmente si es novicio en la vida espiritual, y no ha subido a ella por los dichos grados. Suele nuestro piadoso Señor Jesucristo atraer a si con semejantes caricias a los de poco corazón. Pero sepan estos tales, que les han prestado esta gracia, y no se la han dado: para que así en el dia de los bienes se acuerden de los males, y en el dia de los males no se olviden de los bienes. Muy de otra suerte aquellos, que tienen ejercitados los sentidos de su alma en la vida espiritual, gozan de esta feliz dulzura de devoción. Pero muchos toda su vida caminan a ella, y no llegan a alcanzarla: a los cuales sin embargo, si piadosa y constantemente lo intentaron, al punto que salen del cuerpo, se les dá lo que, para provecho suyo, se les habia negado en esta vida, llevándoles la gracia sola a donde antes caminaban ellos con la gracia.
11.Mas a los que llegan a esta gracia de devoción un solo peligro les resta, y deben enteramente recelarse de los asaltos del demonio de medio día; porque el mismo Satanás se transforma en ángel de luz. Esto es lo que debe temer el que hace, todas las cosas con tanta deleitación no sea acaso que siguiendo su afecto, destruya el cuerpo con inmoderadas mortificaciones; y después se vea precisado a ocuparse con grave detrimento de los ejercicios espirituales, en curar sus achaques. Así, para que no tropiece, el que corre, es necesario, que le ilumine la luz de la discreción, que es la madre de las virtudes, y la consumación de la perfección. Esta enseña, que nada se haga con exceso; y este es el dia octavo, en que se circuncida el Niño; porque la discreción verdaderamente corta en rededor, para "que nada se haga mas, ni menos de lo que es razón". El que es nimio, corta el fruto de la buena obra, no le circuncida; lo mismo hace el tibio, si se puede decir, que lo hace. En este día pues, se pone el nombre, y nombre de salud, ni dudare decir del que asi vive, que obra su misma salud. Hasta este dia pueden hablar los ángeles , que saben los secretos celestiales; pero yo ahora por la primera vez confiadamente le pongo el nombre de salud. Mas, porque enteramente es ésta una rara ave en la tierra, supla en nosotros, hermanos mios, el lugar de la discreción la virtud de la obediencia, de modo que nada más, nada menos, nada diferentemente hagáis de lo que os están mandado.


San Bernardo



#MeditarEnNavidad Cómo el niño Jesús ha de ser nombrado espiritualmente del alma devota

En tercer lugar debemos considerar de qué manera este tan bendito bebé nacido espiritualmente, ha de ser nombrado. Y pienso que no podría recibir un nombre más apto que Jesús, pues está escrito: Será llamado Jesús. Este es el nombre más sagrado, profetizado por los profetas, anunciado por el ángel, predicado por los apóstoles, deseado por todos los santos. ¡Oh nombre virtuoso, gracioso, gozoso, delicioso, glorioso! Virtuoso, porque vence a los enemigos, repara las fuerzas, renueva las almas. Gracioso, porque en él tenemos el fundamento de la fe, la firmeza de la esperanza, el aumento de la caridad, el complemento de la justicia. Gozoso, porque es “júbilo en el corazón, melodía en el oído, miel en la boca”, esplendor en el alma. Delicioso, porque “rumiado nutre, pronunciado deleita, invocado unge”, escrito recrea, leído instruye. Nombre en verdad glorioso, porque dio la vista a los ciegos, el andar a los cojos, el oído a los sordos, la palabra a los mudos, la vida a los muertos. ¡Oh nombre bendito, que tan grandes efectos de virtud ostenta! ¡Oh alma, ya escribas, ya leas, ya enseñes, ya hagas cualquier otra cosa, nada te agrade, nada te deleite sino Jesús. Llama pues, a tu bebito, engendrado espiritualmente en ti, Jesús, es decir, salvador en el destierro y la miseria de esta vida; y que te salve de la superficialidad del mundo que lucha contra ti; de la falsedad del demonio que te corrompe; de la fragilidad de la carne que te atormenta.
Grita, alma devota, en medio de los tantos flagelos de esta vida: ¡Oh Jesús, Salvador del mundo, sálvanos, tú que por tu cruz y tu sangre nos redimiste; ayúdanos, Señor Dios nuestro!. Salva -diré-, dulcísimo Jesús, confortando al débil, consolando al afligido, ayudando al frágil, consolidando al que vacila.
¡Oh, cuánta dulzura sintió muchas veces después de aquella bendita imposición del nombre la feliz madre natural y verdadera madre espiritual, María virgen, cuando percibió que en este nombre se expulsaban los demonios, se acumulaban los milagros, se iluminaban los ciegos, se sanaban los enfermos, se levantaban los muertos! Pues de la misma manera tú, alma que eres espiritualmente madre, con razón debes gozar y exultar cuando percibes en ti y en los otros que tu bendito Hijo Jesús pone en fuga a los demonios en la remisión de los pecados, ilumina a los ciegos en la infusión del verdadero conocimiento, levanta a los muertos en la colación de la gracia, cuida a los enfermos, sana a los cojos, endereza a los paralíticos y contrahechos en el robustecimiento espiritual, de manera que ya se vuelvan fuertes y viriles por la gracia los que antes eran débiles y frágiles por la culpa. ¡Oh, cuán feliz y bienaventurado el nombre que mereció tener tan grande poder y eficacia!

San Buenaventura, "Las cinco festividades del Niño Jesús" (Festividad 3)




#MeditarEnNavidad De los nombres del Señor


Después que se cumplieron los ocho días para circuncidar al Niño, se le llamó  Jesús, y fue un hecho justo llamarlo de aquella manera. No sólo fabricó todas las cosas en peso, medida y número sino que al punto prescribió al hombre el modo de vivir  y le puso un precepto diciéndole: de todos los árboles del paraíso comerás pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas. ¡Mandato levísimo sin duda y enteramente medida larga! Pero el hombre quebrantó el modo que le habían prescrito y traspasó los términos que le habían puesto. Por lo que  apartó su rostro de Dios.
En los días de Abraham  instituyó el modo, promulgó la ley, aunque no en todo semejante a la primera, Porque esta había sido por precaución; aquella era para la cura. Allí se hizo la prohibición para que tuviera entrada insensiblemente la superficialidad. Aquí ya se limitó la sajadura para que entrase la que había entrado por el remedio del sacramento. Últimamente aquella se le dió en el árbol vedándose que comiese de su fruto: esta en el propio cuerpo, mandando que fuese cortada su carne. Ni había duda de que ocupaba todos sus miembros también aquella añadidura de Leviathan; el veneno quiero decir de la concupiscencia y cebo de inmoderado y desordenado deleite. Para juzgar que era necesaria una general sajadura en todos.
2. Pero porque la fragilidad humana y la debilidad de la edad infantil no podría sufrir la sajadura de todos los miembros, con piadosa moderación, proveyó la disposición divina que fuese castigada la concupiscencia en aquella parte en que principalmente no es dañosa. Porque en toda la rebelión de los miembros, que contradicen al espíritu, no sólo éste se experimenta en tanto grado contumaz, que excita deshonestos e ilícitos movimientos contra toda deliberación de la voluntad. En hacerse esta circuncisión al octavo día, se significaba la esperanza del reino celestial, porque volviendo el primero al círculo de los días, parecía mostrar en si como una especie de corona. De aquí es que se celebra con solemnidad el día octavo después de las grandes festividades; y en el sermón del Señor se junta a la primera bienaventuranza la octava, para que la repetida esperanza del reino celestial nos forme evidentemente la corona.
3. Con mucha razón cuando se circunda el Niño que nos nace, se llama Salvador, porque ya desde entonces comenzó a obrar nuestra salud, derramando por nosotros aquella sangre purísima. Ya no tienen que preguntar los cristianos por qué causa quiso Cristo ser circuncidado. Fue circuncidado por lo mismo porque nació, por lo mismo porque padeció. Ninguna de estas cosas fue por si, sino todo por los escogidos. Ni fue engendrado en pecado ni circuncidado del pecado, ni muerto por pecado suyo, sino por nuestros delitos. Como fue llamado por el Ángel antes de que fuese concebido en el vientre. Fue ciertamente así. No le pusieron este nombre porque lo tiene él por toda la eternidad. De su propia naturaleza tiene el ser Salvador; ese nombre es innato en él, no enseñado por humana o angélica criatura.
4.Pero qué diremos al ver que aquel esclarecido profeta prediciendo que este mismo Niño había de ser llamado con muchos nombres parece haber callado solo este, el cual solo (como dijo antes el Ángel y testifica el Evangelista se llamó su nombre). Deseó ardientemente Isaías ver este día y le vió y se alegró. En fin, hablaba gozosísimo y añadiendo a Dios: un niño nos ha nacido y un hijo nos han dado: la insignia de su principado han puesto sobre su hombro y será llamado el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del Siglo Futuro, el Príncipe de la Paz. Grandes nombres a la verdad, pero ¿Dónde está el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesús al cual se dobla toda rodilla? Tal vez en todos estos nombres hallarás sólo este Jesús pero en algún modo exprimido y derramado. Sin duda el mismo es de quien la esposa dice en el cántico del amor: aceite derramado es vuestro nombre.
5.Tenéis pues un solo Jesús en todos estos nombres. Ni en manera alguna pudiera llamarse o ser Salvador, si hubiera faltado uno solo de ellos. ¿Por ventura no le ha experimentado admirable cada uno de nosotros en la mutación de nuestras voluntades? Entonces se da principio a la gran obra de nuestra salvación, cuando empezamos a desechar lo que antes amábamos, a tener dolor de lo que antes nos daba placer, a abrazar lo que temíamos, a seguir lo mismo que antes huíamos, a desear lo que despreciábamos. Admirable es sin duda el que obra estas maravillas. Pero no es menos necesario también que se muestre como nuestro Consejero en la elección de la penitencia, y ordenación de nuestra vida, para que nuestro celo no esté destituido de ciencia y no falte la discreción a la buena voluntad. Igualmente es preciso que le experimentemos Dios en el perdón de nuestras antiguas culpas porque ni sin esto puede darse la salud ni puede alguno perdonar los pecados sino solo Dios. Todavía esto no es suficiente para la salud si no se mostrara fuerte en rechazar y destruir los enemigos que nos combaten para que no suceda que seamos vencidos otra vez por nuestras concupiscencias y nuestros fines sean peores que nuestros principios. ¿Os parece ya que nada falta para ser Salvador? Ciertamente faltaría una cosa principalísima si no fuera Padre del siglo futuro, haciendo que por Él resucitemos para la inmortalidad, los mismos que por el padre del siglo presente somos engendrados para la muerte. Aún esto no bastará si como Príncipe de la Paz también nos reconciliara con el Padre a quien ha de entregar el reino para que no sucediese que como hijos de perdición y no de salud, resucitáramos unicamente para la pena. Se multiplicará su imperio verdaderamente de suerte que con razón también se llamará Salvador por la muchedumbre de los que ha de salvar. Y la paz no tendrá fin para que sepas que es verdadera salud, la que no puede temerse que llegue a faltar jamás.


San Bernardo



#MeditarEnNavidad En el nacimiento de los santos inocentes

Bendito sea el que viene en el nombre del Señor: el Señor es Dios y ha hecho brillar su luz sobre nosotros; bendito sea su nombre glorioso, que es santo. No vino infructuosamente lo santo, que nació de María, sino que copiosamente difunde el nombre y la gracia de la santidad. Verdaderamente de aquí es Juan Santo, es Esteban Santo, y también los Santos Inocentes. Con provechosa disposición acompañan estas tres solemnidades al nacimiento del Señor. No sólo para que continuándose las festividades persevere la devoción continua, sino también para que el fruto del Nacimiento del Señor sea conocido de nosotros en ellas, como un efecto y consecuencia de él. Se advierten en estas tres solemnidades como tres especies de santidad: ni yo juzgo que se pueda hallar fuera de estos tres géneros de Santos, otro cuarto entre los hombres. Tenemos en el bienaventurado Esteban la obra y la voluntad del martirio: tenemos sola la voluntad en el bienaventurado Juan: y tenemos solo la obra de los Santos Inocentes. Todos ellos bebieron el cáliz de la salud o con el cuerpo y el espíritu juntamente. O con sólo el espíritu; o con sólo el cuerpo. Mi cáliz ciertamente beberéis dijo el Señor a Santiago, y a Juan: no hay dudas de que hablaba del cáliz de la pasión. En fin, cuando decía a Pedro sígueme, excitándole violentamente a la imitación de su pasión, vuelto Pedro vió que seguía después del discípulo que amaba Jesús, no tanto con los pasos del cuerpo sino con el afecto de su voluntad. Bebió pues también Juan el cáliz de la salud, y siguió al Señor como Pedro, aunque no de todas maneras como Pedro. Porque haber permanecido así, no siguiendo con la pasión corporal al Señor, fue consejo divino como lo dice él mismo: Así quiero que permanezca hasta que yo venga. Como si dijera quiere él también seguirme pero yo quiero que así permanezca.
Pero ¿habrá quien dude de las coronas de los Inocentes? ¿Dude que los infantes despedazados por Cristo sean coronados entre los mártires, el que no cree que los reengendrados en Cristo son contados entre los hijos de adopción. Cuándo aquel niño, que nació para nosotros, no contra nosotros, permitiría que unos niños coetáneos de él fuesen muertos por su causa, lo cual él podía estorbar con toda su voluntad, si no providenciera a favor de ellos alguna cosa mejor; haciendo que así como a los demás infantes, entonces la circuncisión, ahora el bautismo, sin algún uso propio de su voluntad les basta para conseguir la salud; así el martirio producido por él les bastase a ellos para la Santidad? Si buscas sus méritos para con Dios, para ser coronados, busca también sus delitos para con Herodes para ser despedazados.
¿Es menos acaso la piedad de Cristo que la impiedad de Herodes, para creer que haya podido él entregar unos inocentes a la muerte y no haya podido Cristo coronar a los que fueron muertos por él? Sea pues Esteban mártir para con los hombres, cuya voluntad de padecer se manifestó con toda evidencia particularmente, en que en el mismo artículo de su muerte tenía la más viva solicitud, tanto por los perseguidores como por si mismo, venciendo en él el afecto de su interior compasión al afecto de su pasión corporal, de suerte que lloraba más por los delitos de ellos que por sus propias heridas. Sea Juan mártir para con los Ángeles, que como espirituales criaturas conocieron con más claridad las señales espirituales de su propia voluntad para padecer por Cristo. Pero estos verdaderamente son vuestros mártires, o Dios, para que resplandezca con más evidencia el privilegio de vuestra gracia en quienes ni el hombre ni el Ángel descubre mérito alguno. Vos habéis formado en la boca de los infantes y los niños de pecho vuestra perfecta alabanza. Gloria sea Dios en las alturas dicen los Ángeles, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Grande alabanza es esta sin duda, pero me atrevo a decirlo todavía no es alabanza perfecta, hasta que venga quien diga: dejad a los párvulos que vengan a mi, porque de los tales es el Reino de los Cielos, y paz a los hombres aún sin el uso de su voluntad para ilustre testimonio de la piedad de Dios.
Esto debieran considerar los que suelen combatirse en contenciosas disputas sobre la obra y la voluntad: consideren y adviertan que no conviene despreciar ni lo uno ni lo otro cuando no falta la facultad; especialmente lo uno sin lo otro (pero cuando la facultad falta) no solo dar la salud sino la santidad. Más también se persuaden firmemente, que aprovecha la obra sin la voluntad, pero no contra la voluntad, de suerte que por lo que se salvan los infantes, tendrían más condenación los que  llegaron a la fe fingidamente. Del mismo modo, en algunos la voluntad sin la obra es suficiente, pero no contra la obra. Por ejemplo, si uno es arrebatado por la muerte cuando tiene en si una buena voluntad, pero todavía no perfecta, todavía no bastante valerosa para sufrir el martirio: ¿quién se atreverá a negar que se salve por esta interpretación? Quizá no le permite Dios que llegue a tentación tan grave, con el fin de que en ella no desmaye y se condene. Porque, si con tan débil voluntad fuera puesto en aquella tentación, que es sobre sus fuerzas y su voluntad no fuese corroborada, quien duda que desmayaría, que negaría la fe, y que si entonces muriese pereciera? Si alguno tiene vergüenza de mi delante de los hombres, también yo tendré vergüenza de él, dice el Señor, delante de los Ángeles de Dios, Así, en nuestra voluntad imperfecta en la que alguno se salva, cuando falta la ocasión y facultad para la obra, no se podría salvar por la falta de la obra, o diciendo de otro modo, por la obra de su rebeldía y falta. Lo mismo también podría suceder con la ignorancia, antes bien solícitos y timoratos demos gracias al benignísimo, y liberalísimo Salvador, que ocasiona con caridad tan copiosa las ocasiones a la salud a los hombres, que se alegra de encontrar en unos la voluntad y la obra, y en otros la voluntad sin obra, en otros también sin voluntad la obra de la salud, queriendo que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad. Porque en esto consiste la Vida Eterna, en que conozcamos al Padre Dios verdadero y a Jesucristo a quien envió, el cual es con el Padre un Dios verdadero, bendito sobre todas las cosas por los siglos, Amén.


San Bernardo



#MeditarEnNavidad En la circuncisión del Señor

Sobre la lección del Evangelio: Después que se cumplieron los ocho dias para haber de circuncidarse el Niño y se llamó su nombre Jesús. Luc. 2.21.

Tenemos oídas en pocas palabras declaradas en el gran,Sacramento de la piedad de Dios: hemos oido una lección congruente al Verbo abrebiado, que el Señor hizo sobre la tierra. Pues abrebiado en la carne, se abrebia mas recibiendo la circuncisión, de la carne. Haciéndose un poco inferior á los Angeles el Hijo de Dios , tomo la humana naturaleza,; pero ya ni desechando el remedio mismo de la corrupción humana ciertamente , se hace inferior á los Angeles mucho mas. Tienes pues aqui un grande misterio dé la fé : tienes también un exemplo grande de humildad. ¿Qué necesidad hay de circuncisión , Señor , en vos que ni habéis cometido pecado , ni le habéis contraído? Que vos mismo no le hayáis cometido, la misma edad lo manifiesta; que no le hayáis contraído,, mucho mas ciertamente lo prueba la divinidad de vuestro Padre , la integridad de vuestra Madre. Sumo Sacerdote sois, de quien en la ley está mas bien prophetizado que mandado, que ni por el Padre, ni por la Madre pueda contraer alguna impureza. Padre tenéis desde toda la eternidad, pero es Dios, en quien no cae pecado. Tenéis Madre también en el tiempo, pero es Virgen, ni pudo la incorrupción parir la corrupción. Sin embargo de todo esto , es circuncidado el Niño; el cordero sin mancha , aunque no lo necesitó , quiso ser circuncidado ; el que no tenia vestigio, ni señal de herida , no rehusó la venda de los heridos. No lo hacen así los impíos, no lo hacen así; no lo hace asi la perversidad de la soberbia humana; que tiene vergüenza de los remedios , gloriándose á veces de las llagas de sus delitos. Aquel á quien nadie puede argüir de pecado , recibió , sin tener necesidad alguna , un remedio del pecado, vergonzoso y duro al mismo tiempo: ni se retiró del cuchillo de piedra aquel Señor, en quien solo no habia que raer el orin antiguo de la culpa. Nosotros por el contrario , desvergonzados para la torpeza de la culpa, somos muy vergonzosos para la medicina de la penitencia con una fatuidad extrema . Somos inclinados á las heridas , y peores en ser tan vergonzosos para la cura de ellas» El que no cometió pecado, no se desdeñó de parecer pecador; nosotros lo queremos ser , y no queremos parecerlo. ¿Es por ventura necesaria la medicina al sano, y no á los enfermos? Ornas bien ¿no debe curarse el enfermo , y debe curarse el médico? ¿Quién de los hombres que conociera en sí, no diré tanta gloria, sino á lo menos tanta inocencia admitiría con igualdad de ánimo la mano del circuncidante? Mas Chrjsto con toda la paciencia pagó lo que no había robado, aunque habia venido á hacer la purgación de los delitos, no á recibirla. Pero dirás acaso: ¿qué mucho que un párvulo la recibiese? Mas bien podías decir: ¿qué mucho la recibiese el humilde y manso? ¿Qué mucho que enmudeciese delante de quien le circuncidaba , el que delante de quien le esquilaba enmudeció» delante de quien le crucificaba calló? Si su humildad y mansedumbre no fuera la causa , no le era dificultoso conservar entera su carne , impidiendo que fuese cortada, al que habia hecho, que la puerta del vientre virginal no fuese abierta en su salida. No era difícil al párvulo estorvar, que su cuerpo fuese circuncidado, quando ni muerto le fué difícil conservarle libre de la corrupción.
Después que se cumplieron los ocho días para haber de circuncidarse el Niño , se llamo su nombre Jesús. ¡Grande y admirabte misterio! Es circuncidado el Niño , y se llama Jesús. ¿Pues qué conexión hay éntre estas dos cosas? La circuncisión sin duda mas propia parece de quien necesita salvarse ,que de quien es Salvador, y mas bien corresponde al que es Salvador circuncidar, que ser circuncidado. Pero reconoce en esto, como el mediador de Dios y de los hombres desde el principio de su nacimiento junta las cosas humanas á las divinas, las ínfimas á las supremas. Nace de una muger, pero muger á quien de tal suerte se la dá el fruto de la fecundidad , que no pierde la flor de su virginidad: es envuelto en unos pañales, pero los mismos pañales son honrados con las alabanzas de los Angeles : es ocultado en un pesebre,pero es manifestado brillando una, estrella del Cielo. A este modo también la circuncisión prueba la verdad de la carne , que há tomado: y el nombre que es sobre todo nombre , manifiesta la gloria de la Magestad. Es circuncidado , como verdadero hijo de Abrahan: se llama Jesús, como verdadero Hijo de Dio. Ni lleva este mi Jesús,al modo de los otros que precedieron , un nombre vacío é inútil : no hay en él la sombra precisamente de un nombre grande, sino la verdad : porque testifica el Evangelista, que se le puso desde el Cielo: Como fué llamado por el Angel antes que fuese concebido en el vientre. Y atiende con cuidado la profundidad de esta expresión. Después que nació, es llamado Jesús por los hombres, con cuyo nombre fué llamado por el Angel, antes que fuese concebido en el vientre; porque él mismo es Salvador del Angel y del hombre; pero del hombre desde la encarnación , del Angel desde el principio del mundo.
Se llamba su nombre Jesús, dice , como fue llamado por el Angel. Con el dicho de dos ó tres testigos se hace firme toda palabra; y la misma que en el Propheta se lee abrebiada, mas claramente se lee en el Evangelio hecha carne. A nosotros , Hermanos mios, á nosotros pertenece esta doctrina. Christo no necesitaba del testimonio del Angel, ni del hombre; pero, como está escrito: Todas las cosas son por los escogidos. Por tanto hemos de buscar nosotros testimonios de nuestra vida; no parezca, que hemos tomado en vano el nombre de Dios. Es necesario, Hermanos mios, que también nosotros seamos circuncidados , y recibamos de este modo el nombre de salud; debiendo ser nuestra circuncisión, no según la letra, sino según el espíritu: no precisamente en un miembro, sino en todo el cuerpo juntamente. Porque aunque reyne mas en la parte en que se mandó á los Judíos la circuncisión, la añadidura de Leviachan que viene del pecado y se debe corear; ocupa con todo eso el cuerpo todo. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay parte sana en nosotros: no hay cosa alguna que no e^té dañada de este veneno. Por eso aquel pueblo, como párvulo todavía en la fé y en el amor , recibió un mandato proporcionado á sus fuerzas de una circuncisión pequeña: luego que
creció hasta ser varón mas perfecto, se le manda bautizarse en todo el cuerpo; lo qual es una entera circuncisión de todo el hombre. De aquí es, que nuestro Salvador se dignó ser circuncidado al octavo dia ; y después de los treinta años ser crucificado, siendo extendido con penosa violencia en la cruz todo su cuerpo: nosotros somos ingeridos en él por la semejanza de su muerte, como escribe el Apóstol , quando recibimos el bautismo; que há sido lo que últimamente se nos mandó observar.
¿En qué consiste pues nuestra espiritual circuncisión , sino en lo que nos encarga el mismo Apóstol: Teniendo el sustento y vestido, estemos contentos con eso? ¡Qué bien por todos modos nos circuncida y corta todo lo superfluo la pobreza voluntaria, el trabajo de la penitencia , la observancia de la regular disciplina! Pero en esta mis apreciaciones sobre la circuncisión nos conviene buscar tres testimonios de nuestra salud, del Angel, de Mária , y de Joseph. Es menester, repito , que ante todas nuestras cosas el Angel del gran consejo nos ponga el nombre de salud. Después también , nos es necesaria de la cotidiana atestación de toda la congregación, que es co- mo Madre de cada uno: Madre, digo, Virgen, de la que como aquella que prometió el Apóstol presentar y del Virgen casta al único Esposo que es Jcsu Christo. Prelado.
Las cosas exteriores son testigo de lo que pasa en nuestro corazón. Aquel cuya conducta es grata á todos y á ninguno gravosa, hallará un ventajoso testimonio de su propia salud en toda la congregación. En valde ciertamente pretenderá hacerle causa sobre sus acciones exteriores aquel pésimo acusador de sus hermanos á quien escusa , y aprueba la comunidad , en que vive. Conseguirá también un favorable testimonio de los Prelados el que , así los pecados de su vida en el siglo, como las negligencias del tiempo presente se los manifiesta por medio de una humilde y sincera confesión , para que los juzguen , y procura satisfacer por ellos á su arbitrio. En esto tampoco se podrá temer la acusación del maligno, porque no juzgará el Señor dos veces una misma cosa. Mas acaso intentará el enemigo acriminar la intención , y querrá fundar la calumnia en las cosas de su interior, en que ni el testimonio de sus hermanos, ni de su padre espiritual. Por eso es necesario, que en esta parte nos patrocine el testigo interno , que mira mas al corazón que al semblante ; por el qual á la verdad debe comenzarse, para que nada sea concebido en el ánimo, aunque haya recibido de él el nombre de salud. Mis en quanto pertenece á las obras y acciones manifiestas, conviene conciliarse también los exteriores testimonios , como dice el Apóstol: Procuremos hacer lo bueno con tanta circunspección, que sea aprobado, no solamente de Dios, sin» también de los hombres.


San Bernardo



#MeditarEnNavidad Sobre el anuncio de la Navidad

Acabamos de oír un mensaje rebosante de alegría y digno de todo aprecio : Cristo Jesús, el Hijo de Dios, ha nacido en Belén de Judá. El anuncio me estremece, mi espíritu se enciende en mi interior y se apresura, como siempre, a comunicaros esta alegría y este júbilo. Jesús, el Salvador, ¿hay algo tan imprescindible a los perdidos, tan deseable para los miserables  y  tan conveniente para los  desesperados?  ¿De  qué otra parte puede venimos la salvación o la más ligera esperanza de salvarse de la ley del pecado, del cuerpo mortal, del agobio de cada día y de este mundo de dolor, si no nos naciera esta realidad nueva e insospechada?
Seguramente que deseas a salvación, pero temes la crudeza del tratamiento, consciente como eres de tu sensibilidad y de tu enfermedad. No te preocupes. Cristo es muy delicado, compasivo y rico en misericordia, ungido con perfume de fiesta en favor de los que están con él. Y si no recae sobre ellos la totalidad de la unción, al menos participan. Si te han dicho que el Salvador es delicado, no pienses por ello que sea ineficaz, pues se dice también que es Hijo de Dios. Como es el Padre, es también el Hijo, que tiene el querer y el poder.
Si estás ya informado sobre la conveniencia de la salvación y sobre la alegría de la unción, no puedo comprender el motivo de tus cavilaciones y  te supongo,  incluso, ansioso en torno a su decencia. Te alegras de que se te acerque el Salvador, sobre todo postrado como estás en tu catre, paralítico o, mejor quizá, medio muerto, y a la vera del camino entre Jerusalén y Jericó. Alégrate, al contrario, de que no sea un médico intransigente ni te recete medicamentos revulsivos. Lo hace así para que la breve convalecencia no te parezca más insoportable que la interminable enfermedad. Así se explica que sigan pereciendo tantos por rechazar al médico. Conocéis a Jesús pero ignoráis a Cristo. Calibráis con apreciaciones humanas el fastidio embargante del remedio por el número y gravedad de las dolencias.
Estás seguro en lo que atañe al Salvador   sabes que Cristo para curar no emplea el bisturí, sino el perfume. Y que tampoco le gusta cauterizar, sino ungir. Pero se me ocurre que quizá puede existir otro motivo que influya en alguna inteligencia ingenua: pensar -Dios no o permita- que el Salvador no es una persona suficientemente idónea. Creo que no eres tan ambicioso, ni ávido de gloria, o receloso de tu honor como para rehusar una gracia parecida que pudiera hacerte cualquiera de tus semejantes. Y tu rechazo sería aún menor si recibieras este favor de mano de un ángel, arcángel o alguno de los espíritus bienaventurados.
Por lo tanto, con tanta mayor confianza debes recibir a este Salvador cuanto más extraordinario es el nombre que se le ha dado: Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. Fíjate cómo recomendó abiertamente el ángel estos tres aspectos cuando anunció la gran alegría a los pastores. Escuchad : Os ha nacido hoy un Salvador, Cristo, el Señor. Alborocémonos, hermanos, en este nacimiento y felicitémonos siempre en él. Está tan enriquecido con el beneficio de la salvación, la suavidad de la unción y la majestad del Hijo de Dios, que no echamos en falta nada, ni de útil, ni de alegre, ni de conveniente. Alegrémonos, repito, meditando y comunicándonos mutuamente esta agradable palabra y dulce expresión : Jesús el Cristo, el Hijo de Dios, ha nacido en Belén de Judá.
Y que ningún displicente, ingrato o descreído me replique: "Eso no es ninguna novedad; es un mensaje y una hazaña muy antiguos. Ya es viejo el nacimiento de Cristo". Sí, le respondo yo, es viejo y más que viejo. Y nadie se extrañe de esto; el profeta lo dijo con otras palabras: Desde siempre y por siempre.
El nacimiento de Cristo precedió a nuestro tiempo histórico e incluso al tiempo de la creación. Su nacimiento está envuelto en un manto de oscuridad y habita en una luz inaccesible: se esconde en el corazón del Padre, en el monte encubierto de niebla. Mas para darse a conocer de alguna manera nació. Se hizo historia. Nació hombre, haciéndose Palabra-carne. No nos extraña la noticia que hoy nos comunica la Iglesia: Ha nacido el Mesías, el Hijo de Dios. Hace ya muchos siglos que se viene diciendo lo mismo. Un Niño os ha nacido. Es un mensaje muy viejo que nunca hastió a ningún santo. Porque Jesús, el Cristo, es el mismo hoy que ayer,  será el mismo siempre. Por eso, el primer hombre, padre  e todos los que viven, confesó aquel gran misterio, que más tarde, y de forma más clara, declaró Pablo refiriéndose a Cristo y a la Iglesia: Dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne.
Del mismo modo, Abrahán, padre de todos los que creen, se alegró al ver este día; gozó lo indecible al verlo. Abrahán previó que de su mismo muslo habría de nacer el Señor de los cielos, en aquella ocasión en la que su criado obedeciendo a la orden de poner la mano bajo el muslo del amo, juró a su señor por el Dios del cielo. Y el mismo Dios comunicó esta confidencia íntima a un hombre, amigo, bajo fórmula juramental que nunca retractará: A uno de tu linaje pondré sobre tu trono.
Por eso, según el mensaje del ángel, nace en Belén de Judá, ciudad de David, como cumplimiento a la veracidad de Dios en las promesas hechas a los padres. Esto mismo, en múltiples ocasiones y de muchas maneras, se reveló a nuestros padres y a los profetas. No suceda nunca que cuantos aman a Dios adopten ni una sola vez actitudes desidiosas ante estos misterios. No era negligente aquel que imploraba: Por favor, Señor envía al que tengas que enviar: No se mostraba escéptico el que exclamaba: ¡Ojalá rasgases el cielo y bajases! Y otras expresiones parecidas.
Más tarde, los santos apóstoles lo vieron y oyeron; sus manos palparon a la Palabra, que es vida; y ella les interpelaba de forma muy concreta: ;Dichosos los oJos que ven lo que vosotros veis! En fin, esto mismo se ha venido conservando también para nosotros, creyentes, y se ha mantenido en el tesoro de la fe. Lo atestigua el mismo Señor: Dichosos los que tienen fe sin haber visto. Nuestra suerte estriba en esta palabra de vida, que no se puede menospreciar. Ella nos da la vida. En ella se vence al mundo, pues el justo vive de la fe. Y ésta es la victoria que la derrota o al mundo: nuestra fe. La fe es como un muestrario de la eternidad; recoge al mismo tiempo lo pasado, el presente y lo por venir en un seno inmenso. Lo dirige, conserva y abarca todo.
Con razón, pues, impulsados por vuestra fe, cuando os llegó este mensaje, saltasteis de gozo, disteis gracias, os echasteis por tierra en adoración, apresurándoos a cobijaros como a la sombra de sus alas y esperar al calor de sus plumas. Todos vuestros corazones, nada más oír que nacía el Salvador, gritaban rebosantes de júbilo: Para mí lo bueno es estar junto a Dios. Más aún, os identificabais con las palabras del profeta: Descansa sólo en Dios, alma mía.
Desgraciado aquel que hace una postración fingida, abatiendo su cuerpo con un corazón rígido. Pues hay una humillación gue resulta detestable: la de aquel que acaricia en su corazón el engaño. Ese hombre hace caso omiso de sus carencias no siente sus molestias, no le importan los peligros, acude sin devoción a los remedios de la salvación que nace, no se somete a Dios con amor y canta con frialdad: Señor, tú has sido nuestro refugio. Su adoración no es atendida, porque su gesto de postración no es sincero. A menor humillación, menor victoria e incluso menos fe viva.
¿Por qué se dice: Dichosos los que tienen fe sin haber visto? Da la impresión que la fe es, en cierto modo, visión. Fíjate bien en las referencias de tiempo y de persona. Se alude a un recalcitrante que exigía la visión para creer. No es lo mismo ver y luego creer que ver creyendo. Por otra parte, ¿cómo se explica que Abrahán, vuestro padre, viera en cierto modo, este día del Señor sino creyendo?
Ahora comprendemos lo que vamos a cantar durante esta noche: Santificaos hoy y esta  preparados, que mañana veréis la majestad de Dios en medio de vosotros. Se trata de una visión espiritual, de una piadosa representación y de venerar con una fe sin fingimientos el gran misterio que se manifestó romo hombre, gue lo rehabilitó el espíritu, se apareció a los ángeles, se proclamó a las naciones, se le dio fe en el mundo y fue elevado a la gloria.
Es algo siempre nuevo, algo que renueva continuamente nuestro espíritu. No imaginemos jamás vetustez alguna en aquello que no cesa de dar fruto, que no se marchita nunca. Este es el Santo, al que nunca se le permitirá conocer la corrupción. Es el hombre nuevo que, incapaz de aguantar rastro alguno de decrepitud, infunde la autentica vitalidad nueva en aquellos huesos ya consumidos. Por eso, si prestáis atención, resulta muy consecuente este mensaje de una noticia tan venturosa. No se dice que ha nacido, sino que nace Jesús el Cristo, el Hijo de Dios, en Belén de judá.
Y así como, en cierto modo, se inmola aún cada día siempre que anunciamos su muerte, de la misma manera parece nacer cuando vivimos con fe su nacimiento. Mañana veremos la majestad de Dios; pero no en Dios, sino en nosotros. La majestad de Dios, en a humildad; la fuerza, en la debilidad; Dios, en el hombre. Porque él es Emmanuel, que significa Dios con nosotros. Escucha, no obstante, algo más claro: La Palabra se hizo hombre y acampó entre nosotros. Y desde entonces y siempre contemplamos su gloria, pero la gloria del Hijo Unico del Padre. Le contemplamos lleno de gracia y de verdad. No es la gloria del poderío y de la luz; es la gloria del amor del Padre, la gloria de la gracia. A ella se refiere el Apóstol cuando dice: Para alabanza de su gracia gloriosa.
Nace. Pero ¿dónde crees que nace? En Belén de Judá. No conviene que olvidemos Belén. Vayamos derechos a Belén, dicen los pastores. No pasemos de largo. ¿Qué importa que sea una aldea, e incluso lo más insignificante de toda Judea? No repara en este detalle aquel que siendo rico se hizo pobre por nosotros, que siendo Señor grande y muy digno de alabanza, se hizo niño por nosotros. Entonces estaba ya diciendo: Dichosos los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. Y: Si no cambiáis y os hacéis como este niño, no entraréis en el Reino de los cielos. Por eso eligió un establo y un pesebre, casa de adobes y refugio de animales. Así sabrás que alza de la basura al pobre y socorre a hombres y animales.
¡Ojalá seamos también nosotros ese Belén de Judá, para que nazca en nosotros y podamos oír: Porque respetáis a Dios, os alumbrará el sol de justicia! Probablemente, es lo mismo que recordábamos antes. Necesitamos un entrenamiento y una santificación previas para ver la majestad del Señor. Porque, según el profeta Judá fue santificación de Dios, ya que es también casa de pan. Belén significa eso; quizá por este motivo se alude a la preparación. ¿De qué forma puede disponerse a acoger un huésped tan notable quien anda diciendo que no tiene pan en casa? Pensad en aquel individuo que, carente de vituallas, se vio en la necesidad de golpear la puerta de su amigo en plena noche e importunarle: Acaba de llegar un amigo mío y no tengo qué ofrecerle. Su corazón confía en el Señor, dice el profeta, refiriéndose, sin duda, al justo; su corazón se siente seguro, no vacilará. El corazón que no se siente seguro es porque no está dispuesto. Además, sabemos, según el mismo profeta, que el pan conforta el corazón del hombre. Por tanto, no se encuentra dispuesto su corazón, está seco, lánguido, porque se olvidó de comer su pan.
Un corazón dispuesto, no ansioso, se dispone a observar los preceptos de vida y, olvidando lo que queda atrás, se lanza a lo que está delante. Ahí ves cómo debes evitar ciertos olvidos y cuánto debes desear otros, pues toda la tribu de Manasés no atravesó el Jordán, ni todos los que pasaron tuvieron una casa. Hay quien se olvida del Señor, su creador, y hay quien le tiene siempre presente, olvidando a su pueblo y la casa paterna. Aquel se olvida de las cosas de arriba; éste, en cambio, de las cosas de la tierra; uno se olvida de lo presente; otro, de lo venidero; éste, de lo visible; aquél, de lo invisible. En fin hay quien se olvida de sus asuntos, y otros, de los asuntos de Jesucristo.
Tanto unos como otros son Manasés, olvidadizos ambos; pero mientras éste se olvida de Jerusalén, aquél de Babilonia. Dispuesto está el que se olvida de los impedimentos; pero el que echa en olvido lo que conviene -y no se debe olvidarse encuentra totalmente indispuesto para contemplar en sí mismo la majestad del Señor. No es, por tanto, casa de pan en donde puede nacer el Salvador; tampoco es Manasés, a quien se aparece el que guía a Israel y tiene su trono sobre querubines. Pues dice: Resplandece ante Efraín, Benjamín y Manasés. A mi parecer, estos tres son quienes se salvan. A ellos, otro profeta los llamó Noé, Daniel y Job, representados en aquellos tres pastores a los que anunció el ángel la venturosa noticia del nacimiento del "Angel, Maravilla de Consejero".
Observa si tal vez no son éstos los tres magos que vienen de Oriente y de Occidente para sentarse a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob. Incluso no parece desatinado aplicar la ofrenda del incienso a Efraín, que significa fruto, pues la ofrenda del incienso de suave fragancia corresponde a quienes Dios destinó a ponerse en camino y a dar fruto. Me reFiero a los prelados de la Iglesia, pues Benjamín, el hijo de la derecha, debe hacer la ofrenda de  oro, esto es, de los bienes de este mundo, a fin de que el pueblo creyente, situado en la parte derecha, pueda oír al juez: Tuve hambre, y me diste de comer, y lo que sigue.
Manasés, para merecer que se le manifieste el Señor, tendrá que presentar la mirra de la renuncia. A mi entender, esto atañe muy en concreto a nuestra profesión. Insinúo estas cosas para que no formemos parte de las tribus de Manasés, que se quedaron a la otra orilla del Jordán. Olvidemos, pues, lo que queda atrás y lancémonos a lo que está delante.
Ahora volvamos a Belén para ver lo que ha hecho y nos ha mostrado el Señor. Belén es casa de pan; ya lo hemos dicho. Nos encontramos bien allí. Donde esté la Palabra del Señor no faltará el pan que conforta el corazón. Lo dice el profeta: Afiánzame con tus palabras. El hombre vive en la palabra que pronuncia Dios por su boca; el hombre vive en Cristo, y Cristo en él. Allí nace, allí se muestra. No le agrada el corazón perplejo o vacilante. Descansa en él estable e intrépido. Si alguien se queja, duda o zozobra; si alguien intenta revolcarse en el fango o volver a su propio vómito, desertar de sus promesas, cambiar su propósito, ese tal no es de Belén, no es de la casa de pan.
Sólo un hambre, y un hambre intensa, obliga a bajar a Egipto, a cebar cerdos, y apetecer algarrobas. Es que se encuentra lejos de la casa de pan, de la morada paterna, donde los mismos criados disfrutan de pan abundante. Cristo no nace en el corazón de estos tales, porque les falta la fortaleza de la fe, el pan de la vida. La Escritura afirma que el justo vive por la fe; es decir, la verdadera vida del alma que es el Señor sólo la poseemos ahora en nuestros corazones por la fe. De otro modo, ¿cómo va a nacer Cristo, cómo va a despumar la salvación en él, siendo cierta la sentencia que sostiene que quien persevere hasta el final se salvará? Cristo no puede encontrarse en él.
Para todos éstos no tiene sentido aquello de el Consagrado os confirió una unción, porque se han secado sus corazones al olvidarse de comer su pan. Tampoco pertenecen al Hijo de Dios, pues el Espíritu del Señor descansa sobre el pacífico y el humilde y sobre el que se estremece a sus palabras. Además, no puede haber concordia alguna entre la eternidad y tanto cambio, entre el que es y el que nunca puede quedar en un mismo sitio. Y aunque estemos firmes, aunque nos sintamos robustos en la fe, aunque nos veamos dispuestos, con pan en abundancia, porque nos lo da aquel a quien suplicamos siempre: Danos hoy nuestro pan de cada día, tenemos que añadir lo que sigue: Perdónanos nuestras ofensas. Pues, si afirmamos no tener pecado, nos engañamos y no llevamos dentro la verdad. Porque la Verdad misma, Jesús el Cristo, el Hijo de Dios, no nace simplemente en Belén, sino en Belén de judá.
Entremos a la presencia del Señor como pecadores, para que, santificados y dispuestos, seamos también nosotros Belén de Judá, y de este modo nos hagamos merecedores de contemplar al Señor que nace en nosotros.
Si algún alma progresara tanto, cuestión que nos concierne sobremanera, y llega a ser una virgen fecunda, una estrella del mar, una llena de gracia, en posesión del Espíritu Santo que se vuelca sobre ella, estimo que no sólo quiere nacer en ella, sino también de ella. Que nadie piense atribuirse esto a sí mismo, sino sólo aquellos a quienes el mismo Señor señala, diciendo: Ved a mi madre y a mis hermanos. Escucha ahora a uno de éstos: Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto hasta que Cristo se forme en vosotros. Si parecía nacer Cristo en ellos cuando se estaba formando en ellos, ¿cómo no se va a suponer que también nace en aquel que en cierto modo le estaba dando a luz en ellos?


San Bernardo, "Sermones sobre la Navidad" (sermón sexto).



#MeditarEnNavidad Mañana verán en ustedes la majestad de Dios

Vamos a celebrar el misterio inefable del nacimiento del Señor. Con razón se nos exhorta, hermanos, a prepararnos de la manera más santa posible. Se acerca el Santo de los santos. Se acerca el que ha dicho: Sed santos, porque yo, el Señor vuestro Dios, soy santo. De otro moño, ¿no se echará lo sagrado a los perros, y las perlas a los cerdos, si los unos no se purifican antes de toda iniquidad, y lbs otros, de cualquier deleite indebido? ¿Si los unos no se apartan con todo denuedo del vómito y los otros no desisten de tus propios revuelcos?
Antiguamente, antes de recibir los mandamientos divinos; el Israel carnal se santificaba mediante observancias exteriores, abluciones diversas, dones y sacrificios; que no podían transformar la conciencia del que practicaba el culto. Todo esto pasó ya. Ahora ha llegado el momento, y ya estamos en él, de poner las cosas en su Punto. Ahora ya se os exige una santidad total, un lavado interior, una pureza espiritual, según las palabras del Señor: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Para esto vivimos, hermanos. Para esto se nos ha llamado, para esto se nos concede este gran día. Antes era de noche, y nadie podía trabajar en estas cosas. La noche cubría el mundo entero antes de despuntar la luz verdadera, antes del nacimiento de Cristo. La noche se extendía sobre cada uno de nosotros antes de nuestra conversión y regeneración interior.
¿No se cernían sobre a superficie de la tierra una noche muy profunda y densísimas tinieblas cuando nuestros padres rendían culto a ídolos de madera y adoraban sacrílegamente a leños y piedras? ¿No éramos también nosotros una noche espantosa todo ese tiempo en que hemos vivido sin Dios, arrastrados por nuestros bajos deseos, cediendo a los atractivos rastreros, contemporizando con las seducciones del mundo y esclavizándonos a pecado cómo perversos servidores de la iniquidad?
Y ahora, con justa causa, nos avergonzamos de todas estas obras de las tinieblas. Dice el Apóstol que los que duermen, duermen de noche, y que los borrachos, se emborrachan de noche. Eso erais vosotros. Pero os han despertado, os han consagrado. Con tal que seáis hijos de la luz y del día, y no de la noche ni de las tinieblas. El heraldo de este día es también el mismo que advierte: Sed sobrios y estad despiertos. Y dijo a los judíos en la fiesta de Pentecostés refiriéndose a sus condiscípulos: ¿Cómo es que éstos pueden estar borrachos siendo media mañana? Pablo viene a decir lo mismo: La noche está avanzada, el día se echa encima. Dejemos las obras propias de las tinieblas y pertrechémonos como en pleno día. Nos dice que nos sacudamos de las actividades de las tinieblas, las somnolencias y las borracheras, porque, como ya hemos recordado, los que duermen, duermen de noche, y los borrachos, se emborrachan de noche. No nos adormilemos de día. Caminemos con decoro y nunca embriagados.
Si ves a una persona que cabecea frente a cualquier obligación, todavía es presa de tinieblas. Si adviertes que otro se encuentra ebrio de amargura, azuzado por la curiosidad, nunca cansado de ver y oír, apegado al dinero o a todo lo que se le parezca, encontrarás su modelo en el hidrópico, siempre insaciable. Es hijo de la noche y de las tinieblas. No se disocian fácilmente estos dos aspectos, pues, según la Escritura, el holgazán desea mucho; quiere decir que en su borrachera se siente somnoliento. Por tanto, dejémonos santificar hoy y dispongámonos. Dispongámonos hoy sacudiendo la pesadez de la noche. Y ya santificados, vivamos de día, evitando la borrachera nocturna, manteniendo la brida de la comezón dañina. La ley entera y los profetas penden de estos dos mandamientos: apartarse del mal y obrar el bien.
Estos planteamientos son para hoy, pues mañana no habrá ya santificación ni preparación, sino únicamente visión de la majestad. Mañana, dice, veréis la majestad de Dios en vosotros. Es lo que dijo el patriarca jacob: Mañana responderá mi justicia. Hoy se honra a la justicia y mañana responderá. Hoy la práctica, mañana el fruto. Y como no hay cosecha sin siembra, tampoco se dará visión de la majestad si ahora se desprecia la santidad. No des untará el Sol de la gloria en quien no hubiese aparecido el Sol de justicia. No amanecerá el mañana para quien no amanece hoy. El mismo a quien Dios Padre hizo para nosotros hoy justicia, aparecerá mañana como vida nuestra, para que nos manifestemos gloriosos con él. Hoy nace para nosotros un niño, para que no vuelva el hombre a ensalzarse, sino a convertirse sinceramente y hacerse niño. Mañana aparecerá el Señor en su grandeza y muy digno de alabanza, para que también nosotros mismos quedemos envueltos en la alabanza cuando cada uno sea alabanza de Dios. A quienes ha justificado hoy, mañana los ensalzará. Y a la perfección de la santidad sucederá la visión de la majestad. No será una visión engañosa, porque estriba en la semejanza: Seremos semejantes a él, porque le veremos como él es.
De aquí que no se diga simplemente: Veréis la majestad de Dios, sin añadir con acierto: en vosotros. Hoy nos vemos en él como en un espejo cuando asume lo nuestro; mañana lo veremos en nosotros cuando ya se nos haya dado, mostrándosenos y asumiéndonos en sí mismo. Prometió que se pondría a servirnos, y que hasta entonces recibiríamos de su plenitud no ya una gloria correspondiente a la suya, sino una gracia que corresponda a su don, como está escrito: El Señor concede la gracia y la gloria.
Por tanto, no desprecies estos favores si quieres alcanzar los otros. No rechaces el primer manjar si quieres gustar los postres. No rechaces la comida por los platos en que te la sirven. El Pacífico se ha convertido en manjar incorruptible, ciñéndose un cuerpo sin corrupción para servir en él los manjares de salvación. Por eso dice: No dejarás a tu Santo conocer la corrupción. Es aquel Santo de quien Gabriel dice a María: El que va a nacer de ti será santo, lo llamarán Hijo de Dios.
Seamos hoy santificados por este Santo para contemplar su majestad cuando despunte aquel día, porque hoy es un día consagrado al Señor, día de salvación. Pero no de gloria ni de felicidad. Y mientras se celebra la pasión del Santo de los santos, que sufrió en el día de Parasceve, esto es, en el día de la preparación, se exhorta a todos : Santificaos hoy y estad dispuestos. Santificaos cada vez más, progresando de virtud en virtud, y estad dispuestos por la perseverancia.
¿Con qué medios nos santificamos? He leído de alguien en la Escritura que lo santificó por la fidelidad y la mansedumbre. No es posible agradar a los hombres sin mansedumbre, ni a Dios sin la fe. Con razón se nos exhorta a disponernos, mediante estas dos actitudes; para estar de acuerdo con Dios, cuya majestad hemos de contemplar, y para contemplarla también en nosotros. Por este motivo, andemos solícitos por quedar bien no sólo ante Dios, sino también ante los hombres. Así podremos agradar a nuestro Rey y a nuestros vecinos y hermanos.
Ante todo, debemos buscar la fe. De ella se dice: Ha purificado sus corazones con la fe. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Fíate de Dios; encomiéndate a él; arroja sobre él todos tus afanes, y él te sustentará. Así podrás decir confiadamente y seguro: El Señor cuida de mí. Ignoran esto los egoístas, los resabidos, los interesados, los amigos del placer, los sordos a la voz del que exclama: Descargad en Dios todo agobio, que a él le interesa vuestro bien. Fiarse de sí mismo no es fe, es infidelidad; como confiar en sí mismo no es confianza, sino desconfianza.
Fiel es aquel que no cree ni espera en sí mismo; se hace como un cacharro inútil. Desprecia la propia existencia en el mundo para conservarla en una vida sin término. Esto sólo lo obtiene la humildad de corazón, pues el alma fiel nunca se apoya en sí misma, se abandona, más bien, a sí misma, y sube desde el desierto apoyada en su amado y rebosando en delicias.
Para  que  la  santificación  sea  perfecta,  necesitamos aprender del Santo de los santos su sencillez y el gusto por la convivencia: Aprended de mí, que soy sencillo y humilde. ¿Qué nos impide afirmar que un hombre tal rezume delicias? Es bueno, sencillo y misericordioso; se hace disponible para todos; está saturado de ese ungüento de sencillez y dulzura con el que embriaga a todos. Vive tan rebosante, que parece destilar por todas partes. Dichoso el que se encuentra preparado por esta doble santificación y puede decir: Dispuesto esto , Dios mío; dispuesto estoy. Hoy ya tiene su fruto en la santificación; mañana logrará su meta en la vida eterna. Porque contemplará la majestad de Dios, que es la vida eterna, como se expresa la Verdad: Esta es la vi a eterna, reconocerte a ti romo único Dios verdadero, y a tu enviado jesucristo. El Juez justo le premiará con la merecida corona en aquel día sin ocaso. Entonces verá e irradiará alegría; se admirará y se ensanchar: su corazón. ¿Hasta dónde? Hasta contemplar en sí mismo la majestad de Dios. Mas no penséis, hermanos, que pueda explicaros con palabras el contenido de esa promesa.
Santificaos hoy y permaneced dispuestos; mañana veréis y os alegraréis, y vuestra alegría será total. ¿Qué puede deja vacío esa majestad? Colmará y hará rebosar, cuando se derrame en nuestros senos, una medida generosa, colmada, remecida y rebosante. Tanto rebosará que excederá en sublimidad los méritos y deseos, pues él es capaz de realizar en nosotros algo muy superior a nuestra comprensión y esperanza. Nuestros deseos se centran fundamentalmente en tres puntos : la permisividad, la conveniencia y el placer. Esto es lo que deseamos. Todo el mundo coincide aquí, con diferencias de matices. Uno se inclina más hacia el placer, sin fijarse tanto en la permisividad ni en la conveniencia. Otro más en el interés, dejando de lado la permisividad y lo placentero. El de allí no se preocupa ni de lo placentero ni de lo permisible  sólo busca la honra. No se condenan los deseos, pero busquemos las cosas donde las podemos hallar. Todo esto, cuando es verdadero, es uno y el mismo bien sumo, gloria suprema, conveniencia soberana, deleite culminante. Y estas cosas, que en la vida podemos alcanzar, constituyen nuestra espera y la promesa de contemplar la majestad en nosotros para que Dios sea todo en todos nosotros : todo gozo, todo conveniente, todo permisible.
Y tú, Sinagoga impía, nos alumbraste a este hijo ejerciendo la misión de madre; pero sin el cariño materno. Lo arrojaste de tu seno; lo expulsaste fuera de la ciudad y lo pusiste en alto, como diciendo a la Iglesia del mundo pagano y a la más antigua que ya está en los cielos : "Ni para mí ni para ti; que se divida". Dice que se divida no entre las dos, sino por ambas. Expulsado y levantado un poco, lo suficiente para que no se halle dentro de tus muros ni en tu tierra; lo estrechaste por todos los costados con hierro para que no se inclinara a parte alguna.
De este modo separado de ti, no vendría a ser de nadie. Madre alevosamente cruel, quisiste engendrar un aborto, para que no se pudiese recoger lo que tú habías arrojado. Mira el provecho que has sacado; mejor, fíjate que no has hecho nada. De todos los rincones salen las muchachas de Sión para ver al rey Salomón con la rica corona que le ceñiste. Dejando a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Expulsado de la ciudad y levantado de la tierra, tirará de todas las cosas hacia sí el que es Dios soberano, bendito para siempre. Amén.


San Bernardo, "Sermones sobre la Navidad" (sermón quinto).