Lavada está la Iglesia y perfumada,
lavada en el Jordán, que es el Bautismo;
y Dios la invita a Bodas - (aleluya! -,
gozad que son las nupcias de su Hijo.
Radiante está el Esposo, Luz de Luz,
nacido antes del alba y el rocío;
es bello más que el sol, cual la ternura,
que todo amor de Dios lleva transido.
¡Venid, humanos todos, adoremos,
con oro, incienso y mirra, agradecidos!:
hoy es Epifanía, Eucaristía,
pues Dios enamorado lo ha querido.
Oh Tierra hermosa, canta a tu Señor,
cantad ríos y Océano Pacífico;
hermanas criaturas, celebradlo:
que Dios es nuestro Esposo en Jesucristo.
Comed, bebed el Vino de Caná,
guardado con amor desde el principio;
es fiesta de Jesús, venid, naciones,
llegaos a la Fe, mirad al Niño.
¡Oriente y occidente a ti te alaban,
eterna Trinidad de eterno brillo!:
¡Que toda gloria vuelva al manantial,
y aquí llueva la paz y el regocijo! Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
#PoesíaEnNavidad La Reina del Cielo a su hija querida
Yo buscando estoy a un niño
que a mi Jesús se parezca,
a mi único Cordero,
para esconder a los dos
en una misma cunita.
Los ángeles de la patria
envidiarían tal suerte;
mas yo te la doy a ti:
María, este niño Dios
tu Dios y esposo será.
Te escojo para que seas
de mi Jesús hermanita.
¿Deseas acompañarle?
¡Posarás en mi regazo!
Te esconderá bajo el manto
que cubre al Rey de los cielos.
Para tus ojos, mi Hijo
será ya brillante estrella.
Para que mi manto pueda
cubrirte junto a Jesús,
tienes que ser pequeñita,
con virtudes infantiles.
Quiero que en tu frente brillen
la dulzura y la pureza.
Mas sobre todo te doy
por virtud la sencillez.
El Dios Uno en Tres personas,
que el ángel temblando adora,
quiere que sólo le des
por nombre «Flor de los campos».
Como blanca margarita
que vive mirando al cielo,
tú has de ser la flor sencilla
del Niño de navidad.
El mundo desconocía
los encantos de este Rey
que se desterró del cielo.
Muchas veces tú verás
cómo en sus dulces ojitos
las lágrimas brillan ya.
Tendrás que olvidar tus penas
para alegrar a mi Niño,
bendecir con alegría
los nobles lazos que te atan
y cantar muy suavemente...
El Dios todopoderoso
que calma a al mar rugiente,
tomando rasgos de niño
se ha hecho débil y pequeño.
El Verbo, que es la palabra,
Palabra eterna del Padre,
que por ti aquí se destierra,
mi dulce Cordero,
que es también tu pequeño hermano,
¡oh, niña, no te hablará!
El silencio es la primera prenda
del amor callado.
Comprendiendo su lenguaje,
deberás siempre imitarle.
Y si alguna vez se duerme,
cerca de él descansarás.
Su corazón vela siempre
y te servirá de apoyo
para poder descansar.
No te inquiete la labor
que has de cumplir cada día;
tu solo quehacer, María,
en la vida es el amor.
Puedes decir a quien diga
que tus obras no se ven:
«amo mucho, y en la vida
el amor es mi quehacer».
Jesús hará tu corona
si sólo buscas su amor.
Un día te hará reinar
si le das tu corazón.
Tras la noche de esta vida
verás su dulce mirada,
y a aquella cumbre de arriba
volará tu alma veloz...
Santa Teresa del Niño Jesús
#MeditarEnNavidad Cómo el Hijo de Dios es presentado espiritualmente por el alma en el Templo
En quinto y último lugar, considere el alma devota y fiel de qué manera el bebé recién nacido por la consumación de las obras divinas y nombrado por la dulzurade la degustación de las cosas celestes, y buscado y hallado, adorado y honrado por la oblación de dones espirituales, ha de ser presentado en el Templo, ofrecido al Señor, y esto por la devota, humilde y debida acción de gracias.
Después de que la feliz María, madre espiritual de Jesús, ha sido purificada por la penitencia en la concepción de este bendito hijo, después de haber sido ya confortada en algo por la gracia en el nacimiento, después de haber sido íntimamente consolada por la imposición del bendito nombre, y finalmente informada por Dios en la adoración con los reyes, ¿qué otra cosa queda sino llevar a la Jerusalén celeste, al templo de la Divinidad y presentar a Dios, al Hijo de Dios y de la Virgen?
Sube, pues, María en el espíritu, no ya a la montaña, sino a las moradas de la Jerusalén celeste, a los palacios de la ciudad superna. Arrodíllate allí humildemente ante el trono de la eterna Trinidad y de la indivisa Unidad; allí presenta a Dios Padre a tu hijo, alabando, glorificando y bendiciendo al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo. Alaba con júbilo a Dios Padre, por cuya inspiración concebiste el buen propósito. Glorifica en la alabanza a Dios Hijo, por cuya información llevaste a cabo el bien que te habías propuesto. Bendice y santifica a Dios Espíritu Santo, por cuya consolación perseveraste hasta ahora en el buen ejercicio.
Oh alma, glorifica a Dios Padre en todos sus dones y en todos tus bienes, porque él es quien te llamó del siglo por oculta inspiración, diciéndote: Vuelve, vuelve, Sunamita, palabras cuyo comentario busca aparte, en otro tratado, en la primera meditación.
Engrandece a Dios Hijo en todos sus santos. Él es, en efecto, quien te liberó de la servidumbre del demonio por su secreta información, diciéndote: Toma sobre ti mi yugo; rechaza el yugo del demonio. El yugo del demonio es amarguísimo, mi yugo es suavísimo; a su yugo seguirá suplicio eterno y tormentos, a mi yugo seguirá fruto suavísimo y descanso opulento. Si su yugo muestra a veces cierta dulzura, es falsa y momentánea; cuando mi yugo procura alegría, es verdadera y salvadora. Él a veces levanta un poco a sus servidores, mas para confundirlos eternamente; el que me honra, por el contrario, si por un momento es humillado, es para reinar y gloriarse eternamente. Esta fue la enseñanza que te dio el Hijo de Dios, a veces por sí mismo y a veces por sus doctores y amigos, y te liberó de la falsa persuasión del demonio, y de la blanda decepción de la carne y del mundo.
Bendice y santifica siempre a Dios Espíritu Santo, oh alma, que te confirmó en el bien por su dulcísima consolación, diciéndote: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. ¿Cómo, en efecto, oh alma delicada y frágil, acostumbrada a las delicias del mundo, embriagada con las alegrías de este siglo como los cerdos con el mosto del vino, cómo habrías podido, entre tales y tantas redes del antiguo enemigo, entre tantos falsos consejos, entre tan variados obstáculos, entre tan innumerable multitud de amigos, parientes y otros conocidos que te apartaban del camino del amor y entre las flechas de los que te herían, perseverar en el bien, amarrada con los lazos de tantos pecados, y cómo progresar en el bien, si no hubieras sido ayudada misericordiosamente por la gracia del Espíritu Santo y tantas veces dulcemente consolada y sostenida? A él, pues, debes referir todas tus obras, sin retener nada para ti.
Di con pura y devota intención de la mente: Todas mis obras las realizas tú, Señor; ante ti nada soy, nada puedo; es don tuyo que subsista, sin ti no puedo hacer nada. A ti, clementísimo Padre de las misericordias, te ofrezco lo que te pertenece, a ti lo encomiendo, a ti lo confío, indigna e ingrata de todos tus dones, que reconozco humildemente entregados a mí. A ti la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias, o felicísimo Padre, majestad eterna, que por tu infinito poder me creaste de la nada.
Te alabo, te glorifico, te doy gracias, oh felicísimo Hijo, claridad del Padre, que me liberaste de la muerte por tu eterna sabiduría.
Te bendigo, te santifico, te adoro, o felicísimo Espíritu Santo, que por tu bendita piedad y clemencia me llamaste del pecado a la gracia, del siglo a la vida religiosa, del exilio a la patria, del trabajo al reposo, de la tristeza a la jocundísima y deliciosísima dulzura de la bienaventurada fruición; la cual nos conceda Jesucristo, Hijo de María Virgen, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
San Buenaventura, "Las cinco festividades del Niño Jesús" (Festividad 5)
Después de que la feliz María, madre espiritual de Jesús, ha sido purificada por la penitencia en la concepción de este bendito hijo, después de haber sido ya confortada en algo por la gracia en el nacimiento, después de haber sido íntimamente consolada por la imposición del bendito nombre, y finalmente informada por Dios en la adoración con los reyes, ¿qué otra cosa queda sino llevar a la Jerusalén celeste, al templo de la Divinidad y presentar a Dios, al Hijo de Dios y de la Virgen?
Sube, pues, María en el espíritu, no ya a la montaña, sino a las moradas de la Jerusalén celeste, a los palacios de la ciudad superna. Arrodíllate allí humildemente ante el trono de la eterna Trinidad y de la indivisa Unidad; allí presenta a Dios Padre a tu hijo, alabando, glorificando y bendiciendo al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo. Alaba con júbilo a Dios Padre, por cuya inspiración concebiste el buen propósito. Glorifica en la alabanza a Dios Hijo, por cuya información llevaste a cabo el bien que te habías propuesto. Bendice y santifica a Dios Espíritu Santo, por cuya consolación perseveraste hasta ahora en el buen ejercicio.
Oh alma, glorifica a Dios Padre en todos sus dones y en todos tus bienes, porque él es quien te llamó del siglo por oculta inspiración, diciéndote: Vuelve, vuelve, Sunamita, palabras cuyo comentario busca aparte, en otro tratado, en la primera meditación.
Engrandece a Dios Hijo en todos sus santos. Él es, en efecto, quien te liberó de la servidumbre del demonio por su secreta información, diciéndote: Toma sobre ti mi yugo; rechaza el yugo del demonio. El yugo del demonio es amarguísimo, mi yugo es suavísimo; a su yugo seguirá suplicio eterno y tormentos, a mi yugo seguirá fruto suavísimo y descanso opulento. Si su yugo muestra a veces cierta dulzura, es falsa y momentánea; cuando mi yugo procura alegría, es verdadera y salvadora. Él a veces levanta un poco a sus servidores, mas para confundirlos eternamente; el que me honra, por el contrario, si por un momento es humillado, es para reinar y gloriarse eternamente. Esta fue la enseñanza que te dio el Hijo de Dios, a veces por sí mismo y a veces por sus doctores y amigos, y te liberó de la falsa persuasión del demonio, y de la blanda decepción de la carne y del mundo.
Bendice y santifica siempre a Dios Espíritu Santo, oh alma, que te confirmó en el bien por su dulcísima consolación, diciéndote: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. ¿Cómo, en efecto, oh alma delicada y frágil, acostumbrada a las delicias del mundo, embriagada con las alegrías de este siglo como los cerdos con el mosto del vino, cómo habrías podido, entre tales y tantas redes del antiguo enemigo, entre tantos falsos consejos, entre tan variados obstáculos, entre tan innumerable multitud de amigos, parientes y otros conocidos que te apartaban del camino del amor y entre las flechas de los que te herían, perseverar en el bien, amarrada con los lazos de tantos pecados, y cómo progresar en el bien, si no hubieras sido ayudada misericordiosamente por la gracia del Espíritu Santo y tantas veces dulcemente consolada y sostenida? A él, pues, debes referir todas tus obras, sin retener nada para ti.
Di con pura y devota intención de la mente: Todas mis obras las realizas tú, Señor; ante ti nada soy, nada puedo; es don tuyo que subsista, sin ti no puedo hacer nada. A ti, clementísimo Padre de las misericordias, te ofrezco lo que te pertenece, a ti lo encomiendo, a ti lo confío, indigna e ingrata de todos tus dones, que reconozco humildemente entregados a mí. A ti la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias, o felicísimo Padre, majestad eterna, que por tu infinito poder me creaste de la nada.
Te alabo, te glorifico, te doy gracias, oh felicísimo Hijo, claridad del Padre, que me liberaste de la muerte por tu eterna sabiduría.
Te bendigo, te santifico, te adoro, o felicísimo Espíritu Santo, que por tu bendita piedad y clemencia me llamaste del pecado a la gracia, del siglo a la vida religiosa, del exilio a la patria, del trabajo al reposo, de la tristeza a la jocundísima y deliciosísima dulzura de la bienaventurada fruición; la cual nos conceda Jesucristo, Hijo de María Virgen, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
San Buenaventura, "Las cinco festividades del Niño Jesús" (Festividad 5)
#CantarEnNavidad Niña de Nazareth
Niña de Nazareth,
bendito sea el fruto de tu vientre.
Dime, niña de luz,
¿quién soy yo para que me visites?
Pero quédate en mi hogar,
quédate en mi corazón,
oh, Madre de Dios,
Virgen María.
Cuéntame de Jesús,
¿que prefería Él comer?
¿Quiénes fueron sus amigos
y compañeros de niñez?
¿Y cómo fue cuando gateó
y el primer diente que perdió?
¿Qué hay de sus primeros pasos?
No puedo imaginar
tu infinita felicidad.
Niña de Nazareth,
bendito sea el fruto de tu vientre.
Dime, niña de luz,
¿quién soy yo para que me visites?
Pero quédate en mi hogar,
quédate en mi corazón,
Oh, Madre de Dios,
Virgen María.
Cuéntame de Jesús,
háblale a Él de mi,
dile que lo amo tanto,
que es todo para mí.
Y dile a Dios
que yo soy tan feliz
porque te eligió
para que fueras también
mi Mamá.
Cuéntame de Jesús,
háblale a Él de mi,
dile que lo amo tanto,
que es todo para mí.
Y dile a Dios
que yo soy tan feliz
porque te eligió
para que fueras también
mi Mamá.
Intérprete: Cristo 3D
#CantarEnNavidad Regocíjate, Belén
¡Regocíjate, Belén,
gózate en tu Dios!
Te ha nacido el Salvador,
nuestro Redentor.
¡Regocíjate, Belén,
gózate en tu Dios!
Te ha nacido el Salvador,
nuestro Redentor.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
No pudieron cielos
ni tierra contener
al que de una Virgen
en Belén nació.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
Ya se ve brillar la luz
en la oscuridad.
Al humilde, por amor,
Él lo exaltará.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
Intérprete: Jesed
Letra y música: Stacey Whittfield
Traducción: David Mijares
gózate en tu Dios!
Te ha nacido el Salvador,
nuestro Redentor.
¡Regocíjate, Belén,
gózate en tu Dios!
Te ha nacido el Salvador,
nuestro Redentor.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
No pudieron cielos
ni tierra contener
al que de una Virgen
en Belén nació.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
Ya se ve brillar la luz
en la oscuridad.
Al humilde, por amor,
Él lo exaltará.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
Al Señor la gloria,
paz a todo hombre.
Ésta es la voluntad
del Señor del cielo.
Intérprete: Jesed
Letra y música: Stacey Whittfield
Traducción: David Mijares
#PoesíaEnNavidad Mi Niño divino
Mi Niño divino,
nacido en Belén,
de una Virgen pura
junto a San José,
yo muy dulcemente
te voy a mecer,
para que te duermas,
mi Niño mi Rey.
Mi Niño divino,
boquita de miel,
cierra tus ojitos,
mírame sin ver,
quiero que te duermas,
dame este placer,
y, cuando despiertes,
mírame otra vez.
Mi Niño divino,
ternura en la piel,
yo te doy mil besos:
tengo mucha sed;
mas ahora quiero
verte adormecer,
y, cuando despiertes,
ya te besaré.
Mi Niño divino,
precioso Emanuel,
si tú no te duermes
¿quién no ha de temer?
Cielo de los cielos,
Jesús, «El que es»,
duerme, vida mía,
yo te arrullaré.
Mi Niño divino,
mi dulce embriaguez,
en tu acostadita,
déjate querer;
tu sueño es mi gracia,
yo me pierdo en él;
desde tu silencio
das vida a mi fe.
Mi Niño divino,
al aire y vaivén
de mis suaves brazos
déjate vencer,
y cuando yo vea
que vencí a un Bebé,
tú me habrás vencido
y me rendiré.
Mi Niño divino,
ya me callaré,
y, quieto, adorando,
aquí me estaré;
yo te quiero mucho,
más te he de querer,
pero en liz de amores
nunca ganaré.
Mi Niño divino,
canción de Noél,
duerme, duerme, duerme
Yo me dormiré;
bajo tu cobija
me calentaré,
y, entre dulces, sueños,
sueños te diré. Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
nacido en Belén,
de una Virgen pura
junto a San José,
yo muy dulcemente
te voy a mecer,
para que te duermas,
mi Niño mi Rey.
Mi Niño divino,
boquita de miel,
cierra tus ojitos,
mírame sin ver,
quiero que te duermas,
dame este placer,
y, cuando despiertes,
mírame otra vez.
Mi Niño divino,
ternura en la piel,
yo te doy mil besos:
tengo mucha sed;
mas ahora quiero
verte adormecer,
y, cuando despiertes,
ya te besaré.
Mi Niño divino,
precioso Emanuel,
si tú no te duermes
¿quién no ha de temer?
Cielo de los cielos,
Jesús, «El que es»,
duerme, vida mía,
yo te arrullaré.
Mi Niño divino,
mi dulce embriaguez,
en tu acostadita,
déjate querer;
tu sueño es mi gracia,
yo me pierdo en él;
desde tu silencio
das vida a mi fe.
Mi Niño divino,
al aire y vaivén
de mis suaves brazos
déjate vencer,
y cuando yo vea
que vencí a un Bebé,
tú me habrás vencido
y me rendiré.
Mi Niño divino,
ya me callaré,
y, quieto, adorando,
aquí me estaré;
yo te quiero mucho,
más te he de querer,
pero en liz de amores
nunca ganaré.
Mi Niño divino,
canción de Noél,
duerme, duerme, duerme
Yo me dormiré;
bajo tu cobija
me calentaré,
y, entre dulces, sueños,
sueños te diré. Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
#PoesíaEnNavidad Navidad de Eucaristía
Navidad de Eucaristía,
mi Jesús en corporales,
que recuerdan los pañales
de las manos de María.
Te adoramos en la cuna
del glorioso nacimiento,
y en el santo Sacramento,
que en la Iglesia nos aúna.
En el seno florecido
Dios amante se hizo esposo,
y el banquete delicioso
en la Cena lo ha ofrecido.
En la Mesa está el viviente
Dios excelso y encarnado,
Pan del cielo regalado,
de inmortal vida simiente.
¡Oh Jesús, todo ternura
en tu cuerpo cobijada:
a esta Pascua consagrada
el hambriento se apresura!
¡Dios del cielo y humanado
por los ángeles servido,
por María remecido,
seas tú por siempre amado. Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
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