#FiguradelBeléndehoy viernes 2 de diciembre de 2016

Faltan 23 días para Navidad. ¡Armemos un belén espiritual!
#FiguradelBeléndehoy Descubrir las maravillas del Señor allí donde estés.

#PoesíaEnAdviento La visitación de María a su prima Santa Isabel

¿Dónde vais, zagala,

sola en el monte?
Mas quien lleva el sol
no teme la noche.

¿Dónde vais, María,
divina esposa,
madre graciosa
de quien os cría?

¿Qué haréis, si el día
se va al ocaso,
y en el monte acaso
la noche os coge?

Mas quien lleva el sol
no teme la noche.

El ver las estrellas
me causa enojos,
pero vuestros ojos
más lucen que ellas.

Ya sale con ellas
la noche oscura,
a vuestra hermosura
la luz se esconde.

Mas quien lleva el sol
no teme la noche.


Lope de Vega (1562–1635)



#PoesíaEnAdviento Annunziata


Tu mensajero vino y me habló brevemente:

déjame una quietud que siga a su recado.
Descalza en los umbrales de la aurora me tienes:
recogeré mi pelo y dispondré mi cuarto.
(Por el otero asoma tu ternura impaciente.
Te conozco a su luz. Date prisa. Te aguardo)

María Victoria Atencia



#MeditarEnAdviento Felicidad de haber nacido después de la redención y en el seno de la verdadera Iglesia


¡Cuánto debemos agradecer a Dios el habernos hecho nacer después de verificada la obra excelsa de la redención humana! Esto significa la expresión plenitudo temporis, el tiempo feliz por la plenitud de la gracia, que nos obtiene Jesucristo con su venida. ¡Pobres de nosotros sí, reos de tanto pecado cometido, hubiéramos vivido en la tierra antes de la venida de Jesucristo!
¡En que miserable estado se hallaban los hombres antes de la venida del Mesías! El verdadero Dios apenas si era conocido en la Judea, al paso que en el resto del mundo reinaba la idolatría, de suerte que nuestros antepasados adoraban piedras, leños y demonios. Adoraban multitud de dioses, y el verdadero Dios no era por ellos amado ni conocido. Aun hoy en día, ¡cuántos países hay de escaso número de católicos, entre tanto y tanto infiel y hereje como ciertamente se pierden! ¡Cuán obligados estamos a Dios por habernos hecho nacer no tan solo después de la venida de Cristo, sino además en países donde reina la verdadera fe!
Gracias, Señor, por tan extraordinario beneficio. ¡Desgraciado de mi si, después de haber cometido tantos pecados, tuviere que vivir entre infieles y herejes! Reconozco, Dios mío, que me queréis salvar, y, a pesar de ello, ¡Cuantas veces me quise perder, al perder vuestra gracia! Tened compasión de mi alma, que tanto os costo, Redentor mío.
Envió Dios desde el cielo, de cabe si, a su propio Hijo, para rescatar a los que estaban sometidos a la sanción de la ley.- Peca, pues, el esclavo y con el pecado cae en poder del demonio, y acude su mismo Señor a rescatarlo con su muerte… ¡Oh amor inmenso, amor infinito de Dios para con el hombre! Por lo tanto, divino Redentor mío, si Vos no me hubierais redimido con vuestra muerte, ¿qué habría sido de mi, que tantas veces merecí el infierno con mis pecados? Si Vos, Jesús mío, no hubierais muerto por mí, os habría perdido para siempre, sin esperanza de recobrar ya mas vuestra gracia ni esperanza de ver un día en el cielo vuestro hermoso rostro.
Gracias, pues, querido Salvador mío, y un día, en el cielo espero agradecéroslo por toda la eternidad. Me arrepiento sobre todo otro mal de haberos despreciado en lo pasado; en adelante estoy resuelto a sufrir todas las penas y muertes antes que ofenderos; pero, como os traicioné en lo pasado, puedo traicionaros también en lo por venir. ¡Ah, Jesús mío, no permitáis me separe de vos! Os amo, bondad infinita, y quiero amaros siempre en esta vida y por toda la eternidad. ¡Oh Reina y Abogada mía, María, tenedme siempre bajo vuestro amparo y libradme del pecado!

San Alfonso María de Ligorio, "Meditaciones fe Adviento" (Meditación 4)



#MeditarEnAdviento El Adviento intermedio y las tres renovaciones



Acabamos de aludir a aquellos que han plateado sus alas y que duermen entre los dos tesoros, que significan las dos venidas. Pero no hemos dicho nada del lugar en donde duermen.
Precisamente, la tercera venida se encuentra entre las otras dos. En ella duermen plácidamente todos los que la conocen. Las dos venidas referidas las conoce todo el mundo. Ésta, no. En la primera, el Señor se manifestó en el mundo, vivió con los hombres cuando lo vieron y lo odiaron, como lo atestigua él mismo. En la última, todos verán la salvación de Dios y contemplarán al que traspasaron.
La venida intermedia permanece oculta; en ella, los elegidos sólo lo ven en lo hondo de ellos mismos. Así se salvan. La primera venida es carnal y débil; esta intermedia es espiritual y eficaz; y la postrera, gloriosa y mayestática. Mediante la eficacia de la virtud, se llega a la lona, porque el Señor de toda eficacia es el mismo Rey de la gloria. Y, en otro pasaje, el mismo profeta exclama: Para ver tu eficacia y tu gloria. Esta venida intermedia es un camino que enlaza la primera con la última. En la primera, Cristo ha sido nuestro rescate; en la última, se manifestará vida nuestra; en la actual, para que durmamos entre los dos tesoros, Cristo es nuestro descanso y consuelo.
Y para que nadie crea que todo lo que decimos sobre esta segunda venida es pura fantasía, escuchadle a él mismo: Si alguien me ama, guardará mi palabra y vendremos a él. ¿Qué quiere decir: Si alguien me ama, guardará mi palabra? Fíjate en este otro texto: El que teme a Dios obrará el bien. Yo creo que acontece algo importante en el que ama por el hecho de guardar la palabra. Pero ¿dónde la guardo? Sin género de dudas, en el corazón. Como dice el profeta: En mi corazón escondo tus palabras para no pecar contra ti. ¿Cómo se guardan en el corazón? ¿No basta retenerlas en la memoria? A los que se contentan con esto les dice el Apóstol que la ciencia engríe. Además, la memoria tiene sus lagunas.
Guarda la Palabra de Dios como si fuese la mejor manera de conservar tus víveres naturales, porque la Palabra de Dios es el pan vivo, el alimento del espíritu. El pan material, mientras queda en el armario, puede ser robado; lo pueden roer los ratones e incluso puede echarse a perder. Pero, si lo hubieres comido, ¿temerías todo esto? Guarda así la Palabra de Dios: Dichosos los que la guardan. Métela en las entrañas de tu alma; que la asimilen tus afectos y tus costumbres. Come a gusto, y tu alma saboreará manjares sustanciosos. No te olvides de comer tu pan. Que no se seque tu corazón, y tu alma se saciará con enjundia y manteca.
Si guardas así la Palabra de Dios, ella te guardará a ti sin duda alguna. El Hijo vendrá, junto con el Padre, hasta ti; vendrá el gran Profeta que renovará Jerusalén. Vendrá aquel que todo lo hace nuevo. La eficacia de esta venida consiste en que por lo mismo que somos imagen del hombre terreno, seremos imagen del hombre celestial. Y como el viejo Adán invadió al hombre entero y dominó a la totalidad de la persona humana, del mismo modo Cristo quiere recuperarlo todo, la totalidad de la persona que ha creado, que ha rescatado y que glorificará. Por eso salvó a la humanidad en sábado. Convivimos por algún tiempo con el hombre viejo. Aquel depravado estaba en nosotros, en nuestras manos, en nuestra boca e incluso en el corazón. Estaba en las manos de dos maneras: por las arrogancias y el vituperio. Estaba en el corazón: por los bajos deseos y por los instintos de dominación.
Pero ahora existe en él una humanidad nueva; lo viejo ya ha pasado; se alza la inocencia contra los atentados que se perpetran con las manos; la continencia se alza frente a as desvergüenzas. En tus labios, la palabra de confesión se enfrenta a la arrogancia. La palabra de edificación se alza contra el vituperio para que se aleje todo lo viejo de nuestra vida. Y, en el corazón, la caridad sale al paso de los bajos deseos, mientras la humildad se opone a los instintos de dominación. Fíjate cómo con estas tres actitudes cada uno de los elegidos recibe a Cristo, el Verbo de Dios. De ellos se ha escrito: Grábame como sello en tu brazo, como un sello en tu corazón. Y en otra parte: A tu alcance está la palabra, en tus labios y en tu corazón.


San Bernardo, "Sermones de Adviento", quinto sermón



#CantarEnAdviento Santo es el Señor, mi Dios


Santo es el Señor, mi Dios,
digno de alabanza,
a Él, el poder, el honor y la gloria. 
Hosana (3), oh Señor.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
con todos tus santos cantamos para Ti.
Hosana (3), oh Señor.





#FiguradelBeléndehoy jueves 1 de diciembre de 2016

Faltan 24 días para Navidad. ¡Armemos un belén espiritual!
#FiguradelBeléndehoy Estar alegres, por amor a Jesús.