En tercer lugar debemos considerar de qué manera este tan bendito bebé nacido espiritualmente, ha de ser nombrado. Y pienso que no podría recibir un nombre más apto que Jesús, pues está escrito: Será llamado Jesús. Este es el nombre más sagrado, profetizado por los profetas, anunciado por el ángel, predicado por los apóstoles, deseado por todos los santos. ¡Oh nombre virtuoso, gracioso, gozoso, delicioso, glorioso! Virtuoso, porque vence a los enemigos, repara las fuerzas, renueva las almas. Gracioso, porque en él tenemos el fundamento de la fe, la firmeza de la esperanza, el aumento de la caridad, el complemento de la justicia. Gozoso, porque es “júbilo en el corazón, melodía en el oído, miel en la boca”, esplendor en el alma. Delicioso, porque “rumiado nutre, pronunciado deleita, invocado unge”, escrito recrea, leído instruye. Nombre en verdad glorioso, porque dio la vista a los ciegos, el andar a los cojos, el oído a los sordos, la palabra a los mudos, la vida a los muertos. ¡Oh nombre bendito, que tan grandes efectos de virtud ostenta! ¡Oh alma, ya escribas, ya leas, ya enseñes, ya hagas cualquier otra cosa, nada te agrade, nada te deleite sino Jesús. Llama pues, a tu bebito, engendrado espiritualmente en ti, Jesús, es decir, salvador en el destierro y la miseria de esta vida; y que te salve de la superficialidad del mundo que lucha contra ti; de la falsedad del demonio que te corrompe; de la fragilidad de la carne que te atormenta.
Grita, alma devota, en medio de los tantos flagelos de esta vida: ¡Oh Jesús, Salvador del mundo, sálvanos, tú que por tu cruz y tu sangre nos redimiste; ayúdanos, Señor Dios nuestro!. Salva -diré-, dulcísimo Jesús, confortando al débil, consolando al afligido, ayudando al frágil, consolidando al que vacila.
¡Oh, cuánta dulzura sintió muchas veces después de aquella bendita imposición del nombre la feliz madre natural y verdadera madre espiritual, María virgen, cuando percibió que en este nombre se expulsaban los demonios, se acumulaban los milagros, se iluminaban los ciegos, se sanaban los enfermos, se levantaban los muertos! Pues de la misma manera tú, alma que eres espiritualmente madre, con razón debes gozar y exultar cuando percibes en ti y en los otros que tu bendito Hijo Jesús pone en fuga a los demonios en la remisión de los pecados, ilumina a los ciegos en la infusión del verdadero conocimiento, levanta a los muertos en la colación de la gracia, cuida a los enfermos, sana a los cojos, endereza a los paralíticos y contrahechos en el robustecimiento espiritual, de manera que ya se vuelvan fuertes y viriles por la gracia los que antes eran débiles y frágiles por la culpa. ¡Oh, cuán feliz y bienaventurado el nombre que mereció tener tan grande poder y eficacia!
San Buenaventura, "Las cinco festividades del Niño Jesús" (Festividad 3)
#MeditarEnNavidad De los nombres del Señor
Después que se cumplieron los ocho días para circuncidar al Niño, se le llamó Jesús, y fue un hecho justo llamarlo de aquella manera. No sólo fabricó todas las cosas en peso, medida y número sino que al punto prescribió al hombre el modo de vivir y le puso un precepto diciéndole: de todos los árboles del paraíso comerás pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas. ¡Mandato levísimo sin duda y enteramente medida larga! Pero el hombre quebrantó el modo que le habían prescrito y traspasó los términos que le habían puesto. Por lo que apartó su rostro de Dios.
En los días de Abraham instituyó el modo, promulgó la ley, aunque no en todo semejante a la primera, Porque esta había sido por precaución; aquella era para la cura. Allí se hizo la prohibición para que tuviera entrada insensiblemente la superficialidad. Aquí ya se limitó la sajadura para que entrase la que había entrado por el remedio del sacramento. Últimamente aquella se le dió en el árbol vedándose que comiese de su fruto: esta en el propio cuerpo, mandando que fuese cortada su carne. Ni había duda de que ocupaba todos sus miembros también aquella añadidura de Leviathan; el veneno quiero decir de la concupiscencia y cebo de inmoderado y desordenado deleite. Para juzgar que era necesaria una general sajadura en todos.
2. Pero porque la fragilidad humana y la debilidad de la edad infantil no podría sufrir la sajadura de todos los miembros, con piadosa moderación, proveyó la disposición divina que fuese castigada la concupiscencia en aquella parte en que principalmente no es dañosa. Porque en toda la rebelión de los miembros, que contradicen al espíritu, no sólo éste se experimenta en tanto grado contumaz, que excita deshonestos e ilícitos movimientos contra toda deliberación de la voluntad. En hacerse esta circuncisión al octavo día, se significaba la esperanza del reino celestial, porque volviendo el primero al círculo de los días, parecía mostrar en si como una especie de corona. De aquí es que se celebra con solemnidad el día octavo después de las grandes festividades; y en el sermón del Señor se junta a la primera bienaventuranza la octava, para que la repetida esperanza del reino celestial nos forme evidentemente la corona.
3. Con mucha razón cuando se circunda el Niño que nos nace, se llama Salvador, porque ya desde entonces comenzó a obrar nuestra salud, derramando por nosotros aquella sangre purísima. Ya no tienen que preguntar los cristianos por qué causa quiso Cristo ser circuncidado. Fue circuncidado por lo mismo porque nació, por lo mismo porque padeció. Ninguna de estas cosas fue por si, sino todo por los escogidos. Ni fue engendrado en pecado ni circuncidado del pecado, ni muerto por pecado suyo, sino por nuestros delitos. Como fue llamado por el Ángel antes de que fuese concebido en el vientre. Fue ciertamente así. No le pusieron este nombre porque lo tiene él por toda la eternidad. De su propia naturaleza tiene el ser Salvador; ese nombre es innato en él, no enseñado por humana o angélica criatura.
4.Pero qué diremos al ver que aquel esclarecido profeta prediciendo que este mismo Niño había de ser llamado con muchos nombres parece haber callado solo este, el cual solo (como dijo antes el Ángel y testifica el Evangelista se llamó su nombre). Deseó ardientemente Isaías ver este día y le vió y se alegró. En fin, hablaba gozosísimo y añadiendo a Dios: un niño nos ha nacido y un hijo nos han dado: la insignia de su principado han puesto sobre su hombro y será llamado el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del Siglo Futuro, el Príncipe de la Paz. Grandes nombres a la verdad, pero ¿Dónde está el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesús al cual se dobla toda rodilla? Tal vez en todos estos nombres hallarás sólo este Jesús pero en algún modo exprimido y derramado. Sin duda el mismo es de quien la esposa dice en el cántico del amor: aceite derramado es vuestro nombre.
5.Tenéis pues un solo Jesús en todos estos nombres. Ni en manera alguna pudiera llamarse o ser Salvador, si hubiera faltado uno solo de ellos. ¿Por ventura no le ha experimentado admirable cada uno de nosotros en la mutación de nuestras voluntades? Entonces se da principio a la gran obra de nuestra salvación, cuando empezamos a desechar lo que antes amábamos, a tener dolor de lo que antes nos daba placer, a abrazar lo que temíamos, a seguir lo mismo que antes huíamos, a desear lo que despreciábamos. Admirable es sin duda el que obra estas maravillas. Pero no es menos necesario también que se muestre como nuestro Consejero en la elección de la penitencia, y ordenación de nuestra vida, para que nuestro celo no esté destituido de ciencia y no falte la discreción a la buena voluntad. Igualmente es preciso que le experimentemos Dios en el perdón de nuestras antiguas culpas porque ni sin esto puede darse la salud ni puede alguno perdonar los pecados sino solo Dios. Todavía esto no es suficiente para la salud si no se mostrara fuerte en rechazar y destruir los enemigos que nos combaten para que no suceda que seamos vencidos otra vez por nuestras concupiscencias y nuestros fines sean peores que nuestros principios. ¿Os parece ya que nada falta para ser Salvador? Ciertamente faltaría una cosa principalísima si no fuera Padre del siglo futuro, haciendo que por Él resucitemos para la inmortalidad, los mismos que por el padre del siglo presente somos engendrados para la muerte. Aún esto no bastará si como Príncipe de la Paz también nos reconciliara con el Padre a quien ha de entregar el reino para que no sucediese que como hijos de perdición y no de salud, resucitáramos unicamente para la pena. Se multiplicará su imperio verdaderamente de suerte que con razón también se llamará Salvador por la muchedumbre de los que ha de salvar. Y la paz no tendrá fin para que sepas que es verdadera salud, la que no puede temerse que llegue a faltar jamás.
San Bernardo
#CantarEnNavidad Calle Belén
Vengan a mí,
estoy aquí.
Vengan a mí,
estoy aquí.
Tu calle es "Belén",
soy Dios-a-tu-lado,
a acariciarme ven.
Inclínense en mi silla de ruedas.
Besen mi enfermedad.
Toquen mi mano a través de las rejas.
Abrácenme en el hospital.
Escúdenme del tiroteo.
Ústedes sean mi voz.
Alcen mi hogar tras la tormenta.
Lo mío, súmenlo.
Vengan a mí,
estoy aquí.
Vengan a mí,
estoy aquí.
Vengan a mí,
estoy aquí.
Vengan a mí,
estoy aquí.
Tu calle es "Belén",
soy Dios-a-tu-lado,
a acariciarme ven.
Con suavidad, limpien mi herida.
Lloren mi soledad.
Y masajeen mi espalda esclava.
Ya curen mi orfandad.
Jueguen conmigo mi adolescencia.
Siempre acompáñenme.
Paréense ante tanques de guerra.
"Hermano" llámenme.
Rodéenme en mi agonía.
La fiebre alívienme.
Defiéndanme y hagan justicia.
De la basura álcenme.
Cobíjenme hasta que nazca.
Honren mi diversa piel.
Denme un mar vivo y un bosque vivo.
Ayúdenme a aprender.
Vengan a mí,
estoy aquí.
Vengan a mí,
estoy aquí.
Tu calle es "Belén",
soy Dios-a-tu-lado,
a acariciarme ven.
No dejen que roben mi infancia.
Gusten mi humilde pan.
Abríguenme con sus canciones.
Siempre háganme un lugar.
Con tibio amor, dénme remedios.
Mi hambre y sed pálpenlos.
Conmuévanse de mi abandono.
Oigan mi débil voz.
Vengan a mí (tu vida es "Belén"),
estoy aquí (tu hogar es "Belén").
Vengan a mí (tu historia es "Belén"),
estoy aquí (tu gente es "Belén").
Vengan a mí (tu tierra es "Belén"),
estoy aquí (tu mundo es "Belén")...
Soy Dios aquí, por si me buscabas...
a acariciarme ven.
Para que me incluyas en tu mirada...
a acariciarme ven.
Intérprete: Eduardo Meana
#CantarEnNavidad No hay Navidad sin Jesús
De todos sitios han llegado a Machu Pichu,
gente para celebrar
el equinoccio de verano que me han dicho es la navidad astral.
El Jockey Plaza está repleto de trineos,
Papás Noeles, pinos y demás,
mientras Jesús está en el estacionamiento,
casi en la puerta de atrás.
Llévense si quieren los regalos,
el puré de manzana y el pavo,
llévense las luces y hasta al árbol,
pero al Niño en su pesebre
no se atrevan ni siquiera a tocarlo.
Porque no hay Navidad sin Jesús,
no hay Navidad sin Jesús.
Vendan lo que vendan, inventen lo que inventen,
no hay Navidad sin Jesús.
No hay Navidad sin Jesús,
no hay Navidad sin Jesús.
Compren lo que compren, inviertan lo que inviertan,
no hay Navidad sin Jesús.
Que hace el señor de barba blanca y traje rojo
como el rey de la Navidad,
si allá en el cielo se revuelve del enojo
el propio san Nicolás.
Si Harry Potter y las brujas hoy celebran
Halloween igual que Navidad,
entonces tú serás "Scrooge" por aguafiestas
y yo el "Grinch" por antisocial.
Llévense todo el aguinaldo
y si quieren también el feriado.
Llévense el champán de regalo,
pero al Niño en su pesebre
no se atrevan ni siquiera a tocarlo.
Porque no hay Navidad sin Jesús,
no hay Navidad sin Jesús.
Vendan lo que vendan, inventen lo que inventen,
no hay Navidad sin Jesús.
No hay Navidad sin Jesús,
no hay Navidad sin Jesús.
Compren lo que compren, inviertan lo que inviertan,
no hay Navidad sin Jesús.
Intérprete: Luis Enrique Ascoy
#PoesíaEnNavidad Y dijo Dios al fin: «Que sea el Hombre»
Y dijo Dios al fin: «Que sea el Hombre»,
y fue el primer Adán y fue el Segundo,
y vino el Hijo amado a nuestros brazos
nacido en nuestra tierra, Dios desnudo:
¡oh santa Encarnación!
Viajó derecho, corazón adentro,
allí donde el dolor nos hace unos,
y allí clavó los palos de su tienda
y a todos nos llamó hermanos suyos:
¡oh santa Encarnación!
Quedó escondido en toda faz humana,
morando con la vida en lo profundo,
se puso a nuestros pies y entonces hizo
de cada hombre un templo para el culto:
¡oh santa Encarnación!
Belén es el camino hacia el Calvario
y fue la Cruz amor de Dios y triunfo,
caminos nuestros, senda de su Hijo,
que el Padre marca con final seguro:
¡oh santa Encarnación!
¡Que sea la alabanza a aquel Consejo
que hizo al Hijo, hijo de este mundo!
Honor, divinidad y eterno amor
por Él, con Él y en Él al Trino y Uno:
¡oh santa Encarnación! Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
y fue el primer Adán y fue el Segundo,
y vino el Hijo amado a nuestros brazos
nacido en nuestra tierra, Dios desnudo:
¡oh santa Encarnación!
Viajó derecho, corazón adentro,
allí donde el dolor nos hace unos,
y allí clavó los palos de su tienda
y a todos nos llamó hermanos suyos:
¡oh santa Encarnación!
Quedó escondido en toda faz humana,
morando con la vida en lo profundo,
se puso a nuestros pies y entonces hizo
de cada hombre un templo para el culto:
¡oh santa Encarnación!
Belén es el camino hacia el Calvario
y fue la Cruz amor de Dios y triunfo,
caminos nuestros, senda de su Hijo,
que el Padre marca con final seguro:
¡oh santa Encarnación!
¡Que sea la alabanza a aquel Consejo
que hizo al Hijo, hijo de este mundo!
Honor, divinidad y eterno amor
por Él, con Él y en Él al Trino y Uno:
¡oh santa Encarnación! Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
#PoesíaEnNavidad Naciste de David, Jesús Mesías
Naciste de David, Jesús Mesías,
Jesús bendito, flor de profecías;
naciste de una madre en nuestra estirpe,
Jesús hijo de Adán, en cuna humilde.
Y fuiste desde siempre el Hijo amado,
viniendo a compartir el pan sudado;
tan nuestro en tu venida tú te hiciste
que en todo ser humano te escondiste.
El Hijo que era Hijo en el regazo
y origen de los cielos desplegados,
el Hijo que eres tú a quien se rinden
los ángeles de paz que te bendicen.
Naciste entre los pobres, hecho pobre,
mortal como nosotros con tu nombre,
que nada humano, nada se redime,
si tú con tu vestido no lo vistes.
Y al último escalón con pie seguro
bajaste, caminante de este mundo,
y al ver nuestro dolor reconociste
que ardía en nuestra faz tu propia efigie.
Y fuiste con poder constituido
por fuerza del Espíritu cual Hijo:
¡Honor a ti, canción de serafines,
viviente Jesucristo, reina y vive! Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
Jesús bendito, flor de profecías;
naciste de una madre en nuestra estirpe,
Jesús hijo de Adán, en cuna humilde.
Y fuiste desde siempre el Hijo amado,
viniendo a compartir el pan sudado;
tan nuestro en tu venida tú te hiciste
que en todo ser humano te escondiste.
El Hijo que era Hijo en el regazo
y origen de los cielos desplegados,
el Hijo que eres tú a quien se rinden
los ángeles de paz que te bendicen.
Naciste entre los pobres, hecho pobre,
mortal como nosotros con tu nombre,
que nada humano, nada se redime,
si tú con tu vestido no lo vistes.
Y al último escalón con pie seguro
bajaste, caminante de este mundo,
y al ver nuestro dolor reconociste
que ardía en nuestra faz tu propia efigie.
Y fuiste con poder constituido
por fuerza del Espíritu cual Hijo:
¡Honor a ti, canción de serafines,
viviente Jesucristo, reina y vive! Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
#PoesíaEnNavidad Aquello que ojo no vio
Aquello que ojo no vio,
ni oídos nunca escucharon,
ha aparecido en la tierra;:
Jesús, el Dios humanado.
Muy grandes las esperanzas,
más grande ha sido el regalo;
es gracia, tan sólo gracia,
Dios con nosotros humano.
¡Oh Cristo merecimiento,
perdón de nuestros pecados,
contigo se abre la ruta
y el hombre queda salvado.
La Gloria habite en la Iglesia
y el gozo llene los cantos;
¡oh Verbo de Dios Altísimo,
tu santo cuerpo besamos! Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
ni oídos nunca escucharon,
ha aparecido en la tierra;:
Jesús, el Dios humanado.
Muy grandes las esperanzas,
más grande ha sido el regalo;
es gracia, tan sólo gracia,
Dios con nosotros humano.
¡Oh Cristo merecimiento,
perdón de nuestros pecados,
contigo se abre la ruta
y el hombre queda salvado.
La Gloria habite en la Iglesia
y el gozo llene los cantos;
¡oh Verbo de Dios Altísimo,
tu santo cuerpo besamos! Amén.
Fray Rufino María Grández, "Himnario de Adviento y Navidad".
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